Del amor al odio o como fastidiar la vida a hijos e hijas

 

Saludos desde nuestro blog.
Aquí en Zeuk Esan, recibimos muchos tipos de llamadas que nos plantean gran diversidad de cuestiones. Trabajamos a través de la escucha, entender qué es lo que nos plantean e intentar ayudar a que, quien nos llame, encuentre un alivio, una solución, un espacio para reflexionar y a veces acompañamos en la toma de decisiones. Informamos, orientamos, asesoramos, pero no tenemos varita mágica.

Todas las personas del equipo que formamos Zeuk Esan, a lo largo de estos ocho años de andadura, hemos escuchado cantidad de historias, preocupaciones, dudas, duelos, alegrías y agradecimientos. Hay que estar preparado para todo, somos profesionales.
Tantos años escuchando, y ahora, personalmente, quiero que se me escuche a mí. Quiero aprovechar este blog desde el que intentamos acompañar y responder a situaciones que nos planteáis, pero ahora pido yo la palabra. Y pregunto, ¿cómo dos personas que se amaron tanto, que consensuaron unir sus vidas y sellar ese pacto de amor con uno o varias criaturas, cómo pueden pasar de aquel amor a profesarse un rencor tan profundo que destrocen a sus descendientes en lo más profundo de su alma, en lo más temprano de su personalidad, sólo para dañar al ex?
No me refiero a esos casos puntuales, escasos, en los que llegan a terminar con la vida de los menores. Me refiero a esas personas normales y corrientes, que llevan vidas normales y corrientes, que refieren amar a sus hijos e hijas, que luchan por su custodia ciegos de dolor, de rabia, quizá por sentirse agraviados, dejados, abandonados, fracasados. Cuánto dolor, cuánto daño en esas criaturas que nos llaman por teléfono, que no saben si su nombre se escribe con J o con Y, porque ama lo escribe de una manera y aita de otra. Menores que nos hablan con dolor de los insultos que sus progenitores se intercambian, del daño que les hace escucharlos y de la locura que sienten cuando además les piden que los transmitan: “Dile al/la ……de tu P/M…..”
Padres y madres que nos cuentan lo que los hijos e hijas oyen en casa de su ex y /o en la de la familia, cargadas de odio, cual flechas que se clavan directamente en lo más profundo de los menores.

Educamos con el ejemplo, más que con lo que decimos, con lo que hacemos. A veces, se dice una cosa “te quiero” y se hace otra: “ Dile al/la ….de tu P/M…” y esa falta de concordancia también daña. De adultos, tendemos a repetir los modelos educativos. Se les daña cuando son pequeños. Si siguen dañados de adultos podrían repetir una mala relación o volcar sus frustraciones en sus propias criaturas y así otra generación más dañada y la rueda sigue.
Pregunto, ¿Tan grande es la afrenta sufrida, tanto puede dañarse una relación que al acabarse de tanto usarla es necesario romper, destrozar y de paso también a los frutos de esa relación?

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