“No quiero que mi hijo o hija sufra”

“No quiero que mi hijo o hija sufra”, es una frase recurrente entre las llamadas que nos entran al 116111 en, el servicio Zeuk Esan de atención a la infancia y adolescencia.

Hay una frase hecha que dice que “la adolescencia es una enfermedad que solo se cura con el tiempo” y la verdad es que no es así; es una época de cambio y construcción de la identidad como individuo.

El – la adolescente no es más conflictivo de lo que puede ser un adulto. Lo problemático es cómo nos relacionamos con ellos, ya que, la mayoría de las veces, vienen de ahí las discusiones y el mal ambiente en casa. Están creando su propio “yo” lejos de los brazos de sus padres y para poder formar parte de su nuevo mundo, precisamente los padres, tienen que hablar.

Según los entendidos en comunicación familiar, los progenitores deberían escuchar el 75% del tiempo. Quizá fuera buen ejercicio tomar conciencia de cuánto tiempo dedicamos a sermonear y a repetir el mensaje y cuánto dedicamos a la escucha plena. No hay que criticarles, ni juzgarles únicamente; dialogar e interesarse por sus inquietudes. Que os sientan cerca, que sepan que os interesan y os preocupan, pero sin invadir su espacio y respetando su intimidad. Continuar leyendo ““No quiero que mi hijo o hija sufra””

Las vacaciones escolares están a la vuelta de la esquina… ¡Qué bien! Descanso, amigas/os, piscina o playa…

¿O no tanto? Lo que muchos niños y niñas, chicos y chicas están esperando con ansia se puede convertir en una agonía para sus progenitores, que hacen encaje de bolillos para que esta época resulte lo más llevadera posible.

Aunque para las familias que viven más holgadamente parece resultar más sencillo ya que pueden apuntar a sus hijos e hijas a las actividades que más les gusten y/o contratar a alguna persona que atienda a sus criaturas mientras trabajan, la mayoría  tienen que hacer verdaderos equilibrios y ajustes de calendario para sobrellevar el verano e intentar disfrutarlo.

Hay quienes  tienen la gran suerte de poder contar con abuelos/as u otros familiares que cuidan de los peques durante unas horas o se los llevan al pueblo de origen o de veraneo. En muchos municipios y vista la necesidad de las familias, se organizan actividades y campamentos al alcance de casi todos el mundo en donde además de estar bien atendidos están con gente de sus edad y disfrutan de una parte del verano, lo cual  supone un alivio para padres y madres.

Aunque ahora ya es tarde para apuntarse a algunas actividades, los adolescentes pueden participar de campos de trabajo tanto aquí como en el extranjero por precios bastante asequibles y que les pueden hacer disfrutar de una manera diferente y enriquecedora del largo verano. Os animamos a que lo miréis allá por el mes de marzo de 2019 de cara al año próximo.

Pero además de buscar actividades que llenen el mucho tiempo libre de los niños y niñas, también tenemos que tener en cuenta que el periodo de vacaciones también es una época de descanso merecido. Los niños y niñas y los y las adolescentes, han terminado el curso de manera óptima o no tanto, y han hecho un esfuerzo diario y continuado del que necesitan descansar para recuperar energías para el próximo curso.

Las vacaciones deben ser el momento en el que los chavales y chavalas cambien el nivel de exigencia y actividad. Por eso es importante que no madruguen tanto como durante el curso y hagan menos actividades, incluso tienen que tener saludables momentos de aburrimiento, en los que pensar en qué hacer o jugar a cosas que durante el curso es imposible; pasando ratos sin hacer nada, que parecen que agobian más a los padres y madres que a los propios chavales.

El verano puede ser además el momento de compartir momentos tranquilos con los hijos e hijas, de compartir juegos, ratos de piscina municipal o playa en los que se junten con otros niños y niñas del pueblo y los padres y madres cambien de actividad y descansen también.

Y cuando por exceso de calor  o por lluvia haya que quedarse en casa, también se pueden compartir con ellos y ellas actividades en casa como la cocina, que durante el curso y por falta de tiempo, no nos animamos a compartir y no les dejamos experimentar y aprender.

Es recomendable, así mismo, que durante el verano se vayan haciendo responsables de pequeñas labores en casa, recados, siempre adaptadas a su edad, de forma que vayan aprendiendo a hacer cosas que durante el año no tienen tiempo, ni los padres y madres de enseñárselo, para de esta manera, además de ir siendo partícipes del cuidado de la familia y la casa, les ayuden en su camino hacia la independencia.

Los adolescentes querrán estar más de noche que de día en la calle y aunque en la mayoría de los pueblos hay fiestas durante todo el verano, además de disfrutar, según la edad, de los festejos nocturnos, no es saludable estar todos los días del verano viviendo sólo de noche, sino que habrá que acordar con ellos y ellas horarios de fin de semana, de entre semana, favorecer que se hagan responsables de ciertas cosas de casa, perfectamente compatibles con que hagan otras actividades en grupo más propias del verano como ir a la playa o a la piscina, quedar con amigos/as, etc

Las vacaciones de verano tienen que suponer un cambio para todos y todas, los niños y niñas tienen que cambiar su ritmos del curso por uno más relajado y que les posibilite recuperar energías para el próximo curso. Por eso es interesante que un par de meses aflojen el ritmo, descansen, cambien de actividad, y unas semanas antes de empezar de nuevo ir regulando poco a poco los horarios para favorecer la adaptación al nuevo curso.

Os animamos a plantearos el verano como un periodo más relajado para la familia, con menos exigencias y estrés y mayores posibilidades de compartir tiempo, tareas, casa y actividades fuera con hijos e hijas.

Para despedirnos, os adjuntamos unos enlaces relacionados con este tema:

¿Qué hacer con los hijo/a en verano?

¡No te agobies! Deja que tu hijo se aburra

*Imagen vía: Pablo Menezo (Flickr – CC)

El rechazo te deja al otro lado de los límites

En el post de hoy os propongo un tema bastante relacionado con el último que publicamos, titulado “Del amor al odio o como fastidiar la vida a hijos e hijas”.

Entramos en situación: tras la separación de los progenitores, en uno u otro momento, alguno de los vástagos dice que prefiere vivir con el otro, que ya está harto de que le pongan tantos límites, que la otra parte le entiende y es más complaciente… Con mucha frecuencia, según aumentan las ansias de libertad y de proceso de identificación de los menores, llegando a esa pubertad que les altera, el progenitor más habitual tiene que lidiar con esas expresiones de adolescencia exigente, que quieren algo que a veces ni saben lo que es….y además ya.

Es cierto que hay muchos conflictos intrafamiliares muy dolorosos, no sólo producto de la resolución de la adolescencia, sino también de la mala relación filio-parental o de otras causas externas que, a veces, con ayuda y apoyo, se podrían solventar. Y sobre todo de la mala relación que se da entre las exparejas. Continuar leyendo “El rechazo te deja al otro lado de los límites”

Los adultos invisibles

La obsolescencia programada  o el “comprar, tirar y comprar” es un signo de nuestros tiempos. Es la forma de incentivar el consumo, una de las formas de mover la economía, mediante el gasto corriente. Se basa en el hecho de que lo nuevo es mejor y, además, necesario. Pero lleva implícita una diabólica trampa: nada perdura, nada se recicla…

… sólo importa lo que se puede adquirir, el nuevo modelo de móvil, la nueva actualización del smarphone o  las nuevas prestaciones de tal coche. La tecno-semántica se ha apoderado de nuestro día a día. ¿Somos reciclables las personas adultas a ojos de las nuevas generaciones?  No es añoranza por el pasado, de las épocas en las que los ancianos/as  eran mirados con afecto y atención, porque se les atribuía la trasmisión de un saber. Un saber biográfico: una vida vivida, llena de relatos.

Repito, hoy el pasado no cuenta, ya que nos han incubado el virus de atender lo nuevo con desaforada ansia; para “tirarlo, comprarlo y tirarlo”. Un ansia muy difícil de regular, de domesticar, porque las mass-media ya se encargan de adoctrinarnos con la idea de que en el consumo se halla lo que nos falta para sentirnos mejor. Se trata del consumismo como antidepresivo.  Se trata de una mentira que genera violencia, porque otorga pleitesía al principio del placer, al “yo-mi-me-conmigo…”, con la consabida incapacidad de tolerar la espera y la frustración, así como la opinión ajena, etc

La agresividad es estructural, viene de serie en el ser humano, y es por ello que debe de ser regulada, para impedir que se manifieste de forma caótica. Si queremos apostar por la convivencia, tenemos que domesticar el impulso hacia la compulsión. Un impulso que tiene su manifestación en el devenir diario y, particularmente, en el terreno de las relaciones.

El hecho de que el bulling esté tan presente en los medios, no es señal de que éste sea un fenómeno nuevo. Sabemos que   viene de siempre, pero cabe decir que hoy en día se presenta con ciertas particularidades propias de la época. Una de las más significativas es que la intervención del adulto no resulta tan determinante para erradicarla como hace veinte años, por ejemplo.

Si hablamos de violencia  filio-parental, también hablamos de la caída del autoritas del padre o la madre. La obediencia como valor de respeto no está tan asegurada, como tampoco es  tan reconocible  la capacidad antaño atribuida por los hijos/as a sus padres y madres de servirles de brújula en el devenir, como portadores de un saber e inventores de soluciones.

Es la pantalla  la que ha usurpado el lugar al padre y a la madre, convirtiéndose en el nuevo guía e  interlocutor para los púberes y adolescentes de nuestros días. Es donde buscan las respuestas y donde hacen amigos/as, en un afán de contabilizar la popularidad. La pantalla no es sólo un espacio lúdico; es un territorio en el que google, yahoo y demás  monitorizan la educación, los gustos y la socialización de los jóvenes de hoy, en tanto padres y madres estamos absolutamente ajenos de los contenidos que visitan. Antes les poníamos un video a los más pequeños. Ahora les ponemos una Tablet, para que entren en la red, una red que sin guía hace de guía y les acaba enredando en la ciebereducación, absortos en la pantalla, mientras se hacen ajenos al encuentro con un ser adulto, significativo, sin cuya participación no se regula el impulso, ni se interioriza un auténtico GPS vital.

Del amor al odio o como fastidiar la vida a hijos e hijas

 

Saludos desde nuestro blog.
Aquí en Zeuk Esan, recibimos muchos tipos de llamadas que nos plantean gran diversidad de cuestiones. Trabajamos a través de la escucha, entender qué es lo que nos plantean e intentar ayudar a que, quien nos llame, encuentre un alivio, una solución, un espacio para reflexionar y a veces acompañamos en la toma de decisiones. Informamos, orientamos, asesoramos, pero no tenemos varita mágica.

Todas las personas del equipo que formamos Zeuk Esan, a lo largo de estos ocho años de andadura, hemos escuchado cantidad de historias, preocupaciones, dudas, duelos, alegrías y agradecimientos. Hay que estar preparado para todo, somos profesionales.
Tantos años escuchando, y ahora, personalmente, quiero que se me escuche a mí. Quiero aprovechar este blog desde el que intentamos acompañar y responder a situaciones que nos planteáis, pero ahora pido yo la palabra. Y pregunto, ¿cómo dos personas que se amaron tanto, que consensuaron unir sus vidas y sellar ese pacto de amor con uno o varias criaturas, cómo pueden pasar de aquel amor a profesarse un rencor tan profundo que destrocen a sus descendientes en lo más profundo de su alma, en lo más temprano de su personalidad, sólo para dañar al ex? Continuar leyendo “Del amor al odio o como fastidiar la vida a hijos e hijas”

“La profe me tiene manía”

El Profe me tiene Manía

– Pues mire, señorita, resulta que a mi hijo le tiene manía su profesor de matemáticas. No sé por qué, ya que mi chaval nunca ha dado problemas, en casa es un cielo y, además, no se va a quedar callado en clase cuando contempla algo que le parece injusto y tendrá que contestar al profesor, ¿no? Que ya no vivimos en una dictadura… Y además, qué pasa, que en la clase de este señor tienen que estar los chavales como en misa o qué… Vamos, que le llamaba para ver qué podía hacer para denunciar este mal trato que este señor le está ocasionando a mi hijo, que el pobre ya no quiere ir a su clase y dice que seguro que va a suspender todas por la manía que le tiene este señor, si se le puede llamar así…
Pues sí, alguna vez, en el 116.111, hemos recibido alguna llamada así. Padres y madres que defienden a sus hijos o hijas a capa y espada ante la supuesta injusticia que sus vástagos están viviendo en el aula ante un malvado profesor o profesora. Lo curioso de todo es que, muchas de estas veces, cuando se les orienta a que lo mejor es que vayan a hablar con ese demoníaco profesional, dicen que no, que ellos o ellas no tienen nada que hablar con ese señor o señora… O dicen que ya lo han hecho pero que no se han sentido bien atendidos… Entonces, sin negarles su versión de los hechos, se les recomienda que acudan al equipo directivo del centro en el que está su hija o hijo, pero dicen que no merece la pena porque, seguro, se ponen de parte del profesor o profesora que tienen manía a su chaval o chavala…

Y, aún teniendo en cuenta que puede que en alguna ocasión ese menor puede, efectivamente, estar siendo menospreciado o no tratado con el respeto que se merece por parte de su maestro o maestra, nos encontramos con que, la mayoría de las veces, este chico o chica tiene buena parte de responsabilidad en que la supuesta situación de manía se perpetúe. O, simplemente, es que se está aplicando el régimen normativo del centro y, evidentemente, éso molesta a madres y padres, digamos, pelín susceptibles.

Con todo, está muy bien dar un voto de confianza a nuestros hijos e hijas, creer su versión y no cuestionarla en principio, pero, como en otros muchos ámbitos de nuestras vidas, es conveniente conocer todas las impresiones, todas las partes, sobre todo cuando se pone en cuestión la figura de una autoridad para nuestros adolescentes. Es importante que vean que no cuestionamos, desde casa, las normas de un lugar tan importante como la escuela o el instituto y, de ahí, la importancia por contrastar esa supuesta manía.

Afortunadamente, en algunas de esas llamadas recibidas en el 116.111, se ha llegado a hablar con los menores, se ha llegado a leer algunos de los partes que éstos han recibido en el centro y se ha comprobado que, como decíamos antes, nuestros hijos, a menudo, tienen buena parte de responsabilidad.

En estos casos, no querremos menos a nuestros hijos porque escuchemos a la otra parte del conflicto e incluso si les tenemos que acabar quitando la razón o les acabemos diciendo “no, no te tiene manía“… Todo lo contrario: les estaremos enseñando, educando que no todo vale, les estaremos fomentando el valor de la responsabilidad propia y les demostraremos que la incondicionalidad parental no consiste en creerles todo y en darles la razón como a los tontos, precisamente porque son nuestros hijos e hijas y no les queremos tratar así.

¿QUIÉN EDUCA A NUESTROS HIJOS/AS?

Para poder responder en algo a esta pregunta, qué menos que buscar en un diccionario de garantías el significado de la palabra educar. Se trata de un término proveniente del latín, ex ducere, que significa encaminar. Sería pues, algo así como poner en camino o dar a quien aprende los medios para abrirse al mundo, encauzando el pleno desarrollo de sus potencialidades.

La tarea de educar no consiste en un modo único de transmitir, sino que está sujeto a la cultura propia del lugar, a los ritos y costumbres propios de cada sitio, así como a la época en la que a cada quien le toque vivir. Obvia decir que no se educa del mismo modo en Madrid que en Taiwán, ni tampoco la idea de educación es la misma en la Europa de hoy en día, a la que hubiera antes de la revolución industrial o en épocas precedentes.

Entiendo que el ejercicio de educar requiere, al menos, de dos aspectos complementarios: la crianza y la orientación. La crianza, tan vinculada a la función maternal, consiste en la práctica de los cuidados en la primera infancia sobre todo, en donde se generan los vínculos fundantes, así como las experiencias de sostenimiento y seguridad, o sus contrarios, en el bebé.

La orientación, haciendo una alegoría náutica, es una suerte de procurar en el hijo o la hija un GPS interno, más o menos afinado, que le ayude a orientarse en su devenir vital. Es una tarea que históricamente, se le ha atribuido más al padre que a la madre, y es por ello que ha sido designado esta labor como la función paterna. Se denomina función porque es un hacer que funciona y no está necesariamente vinculada al padre como tal, más allá de que la cultura le haya atribuido ese papel, sino al propio ejercicio de acompañamiento, escucha, ejemplo y control, tan necesarios sobre todo una vez el niño o la niña salen del manto protector de mama y se sumergen en el mundo de sus guales y, en general, en esos otros mundos no-maternos.

Estas dos funciones, la materna y la paterna, hoy en día están en crisis. Están manga por hombro. La escuela y la guardería son las encargadas de criar a los más pequeños y las tabletas (las de chocolate no, las otras) y los juegos on-line, de (des)orientar a quienes van creciendo con las miradas hipnotizadas en las pantallas, en lugar de tenerlas absortas fuera de ellas.

Es cierto que la nostalgia por tiempos supuestamente mejores (y habría que ver en qué medida lo fueron, si es que lo fueron) no ayuda a avanzar hacia la creación de nuevas soluciones futuras. Es cierto, también, que no es realista negar el avance de la tecnología, con todos sus artilugios y gadget. Aunque es igualmente cierto que resulta preferible abrir la mirada y hacernos algo conscientes al hecho del inmenso espacio que dicha tecno-ociosidad ocupa en nuestros hogares, arrebatando el lugar al dialogo y, porque no, al aburrimiento; sentimiento éste tan noble como denostado en nuestros tiempos. Noble e inquietante, porque te enfrenta a la necesidad de inventar algo para salir del impasse y, por lo tanto, poner en juego el deseo. Abrirnos a la pregunta e ir inventando. Creando, respuestas. Ser así creadores inquietos y no sólo (que también) meros consumidores.

Trucos para no perder la paciencia

https://youtu.be/vVOudiHeRMo

“La paciencia es la madre de la ciencia”, dice el refrán. Y yo añadiría que lo es, especialmente, si hablamos de la ciencia de educar, sobre todo cuando hablamos de educar a nuestras hijas e hijos. Y es que, siendo realistas y aunque dicha tarea nos proporciones inmensidad de momentos placenteros, mentiríamos si no dijéramos que, a veces, nuestros vástagos pueden llevarnos hasta el límite de nuestra capacidad de aguante. Va en el cargo de madre y padre y también en el de ellos y ellas. Hay que tenerlo asumido.

Partiendo de esta premisa y habida cuenta de que, con el inicio de las vacaciones, vamos a pasar más tiempo con nuestros hijas e hijos, ahí van una serie de consejos que esperamos os (nos) sirvan para sobrellevar mejor estas situaciones y, sobre todo, de cara a no empeorarlas.

1.- No tomarse como algo personal la conducta de los niños y niñas. Sus actitudes no están encaminadas a molestarnos y, por lo tanto, no deberíamos recibirlas de esta forma.

2.- Adultez e infancia. Etapas totalmente diferentes, cada una con sus características. Si somos capaces (que lo somos) de identificar esto, debemos empatizar y caer en la cuenta de que sus comportamientos (movimiento, acción, juego…) son los propios del momento vital en el que se encuentrran.

3.- Llamadas de atención. Sí, claro, nos necesitan y nos lo hacen saber a menudo.Nosotros y nosotras también hemos de atender esas demandas.

4.- Normas claras y concisas. Si nuestros hijos e hijas conocen de antemano e incluso, en algunos casos, pueden ser partícipes a la hora de confeccionar ciertas reglas dentro de la dinámica familiar, será más fácil hacerles saber a qué tienen que atenerse.

5.- Estrategias clásicas antes de explotar: tomar aire, contar hasta diez…

6.- Jugar con ellos y ellas, practicar algún deporte al aire libre, darles y darnos espacio… de esta forma, seguro que todas y todos nos relajaremos o crearemos un ambiente de mayor distensión.

7.- Si les ayudamos a identificar y expresar sus propias emociones, contribuiremos a crear un clima de confianza y a que sus comportamientos, en determinados momentos, sean más apropiados.

8.- Vamos a reírnos. O, al menos, tratemos de no dramatizar. Como se ha dicho al principio, muchas de las situaciones que nos llevan a perder los papeles corresponden a la normalidad inherente al periodo en el que tanto ellas y ellos como nosotras y nosotros nos encontramos por lo que tratemos de verlo con sentido del humor.

En fin, son cosas de perogrullo las que aquí se comentan pero no está de más que, de vez en cuando, alguien nos las recuerde. Esperemos que os sirvan del mismo modo que esperamos que paséis un gran verano con vuestras hijas e hijos aunque en algún momento, pues eso, nos puedan llevar hasta el límite.

Vía: Educapeques

Mi padre es un Hooligan

Este fin de semana fui a ver al hijo de unos amigos a un partido de hockey sobre ruedas. ¡¡¡Qué experiencia más “educativa”!!!

Los padres y madres pidiéndoles a sus hijos que metieran los sticks al contrincante por “no sé dónde”. Un horror. Yo no daba crédito. Sabía que el deporte escolar tenía ciertos aspectos bastante tristes, pero verlo en vivo, directo y a lo grande, me sobrecogió.

Hoy encuentro en un periódico un artículo muy interesante al respecto. Os incluyo el enlace para que podáis leer el artículo entero. No tiene desperdicio: “mi padre es un hooligan”.

La Federación de Fútbol de Murcia emprendió hace dos años una investigación para medir la violencia verbal en categorías infantiles, concluyendo que: “los padres causan el 80% de los altercados en el fútbol base. Psicólogos, árbitros y deportistas piden acabar ya con la violencia”.

Un ejemplo en el extremo de lo negativo fue un árbitro noqueado en el suelo por un padre, cuando los chavales se habían portado divinamente; en el lado de lo ejemplar, un chaval de 15 diciéndole a sus furibundos seguidores que ‘un poco de respeto para este hombre’.

Además, de la violencia física y verbal hacia los contrarios, es notoria la presión de los progenitores hacia los hijos, que también es muy agresiva y contribuye a menoscabar la autoestima y la seguridad. Según se expone en el artículo, “mientras las madres se desgañitan, algunos padres se ven súbitamente abducidos por el espíritu de Mourinho: dan órdenes, corrigen posiciones, claman contra el árbitro y, quizá sin pretenderlo, cargan a sus hijos con fardos imposibles de llevar.”

La presión paterna se palpa no sólo en el fútbol, sino también en otros deportes. Pepu Hernández, exseleccionador nacional de baloncesto , llegó a conocer, en su momento, a un padre que “le daba la paga a su hija según los puntos que metía en el partido”.

Según Fernando Gimeno, profesor de Psicología del Deporte en la Universidad de Zaragoza, “los chicos buscan el reconocimiento de sus padres. En estas circunstancias, el mensaje de ‘yo quiero que seas el mejor y no puedes fallar’ resulta mucho más negativo que el de ‘esfuérzate, haz lo que puedas y disfruta’. Cuando un padre se obsesiona por que su hijo brille (y no solo en el deporte), eso suele acabar mal”.

En el artículo citan un corto que os recomendamos ver con vuestros hijos e hijas, se titula “Seis Contra Seis” . No os lo perdáis.

Tengo muy claro que siempre estamos educando y siempre somos modelos educativos, aunque nuestros hijos e hijas tengan 17 ó 27 años. El que los progenitores pierdan los papeles, insultando al árbitro, a las otras personas que compiten, y a las familias de éstas, no es nada educativo. Bueno, educar educa, ¿pero era eso lo que queríamos que aprendieran?.

A mí lo que me da ánimos, es que, según el artículo, los chavales y chavalas muchas veces dan buen ejemplo a sus familias. Materia prima tenemos. El tema ¿es cómo la trabajamos?

Imagen vía: Flickr (CC)

¿Infancia y pornografía?

Saludos a todas las personas que nos seguís en este blog.

Hemos pasado unos días en una interesante formación. Interesante y necesaria, que las pilas hay que recargarlas de vez en cuando y ponerse al día. Además, hemos disfrutado de muy buena compañía. Siempre es un placer coincidir con otras personas profesionales que aportan sus experiencias y su saber hacer. Para mí es un aire fresco que me ayuda a no perder la perspectiva en mi ámbito laboral. El tema de la formación ha sido “Erótica 2.0: cibersexo, sexting y la pornografización de la intimidad en la adolescencia”. El curso lo ha impartido maravillosamente bien Raúl Marcos Estrada,  de EMAIZE Centro Sexológico – Sexologia Zentroa, de Gasteiz, en el Observatorio Vasco de la Juventud donde nos han tratado de lujo.

Y tras la merecida publicidad, quisiera compartir una reflexión. Como padres y madres intentamos proteger a hijos e hijas de cualquier posible amenaza y sabemos que el uso que nuestros menores realizan de las nuevas tecnologías a veces no es adecuado. Por ello, a veces demonizamos las nuevas tecnologías y optamos por bloquearles el acceso en nombre de dicha protección. Pero  ¿qué conseguimos con ello? Continuar leyendo “¿Infancia y pornografía?”