Coherencia educativa entre la pareja ¿Se puede conseguir?

No es justo…papá siempre me deja ver la tele antes de hacer los deberes y tú nunca…”.

Esto es lo más leve que nos puede pasar si nuestros hijos e hijas, detectan falta de criterios educativos en la pareja. En realidad no es tan difícil como pensamos. Sólo se necesita tiempo para ponerse de acuerdo y una visión clara de lo que debe ser más importante para nosotros: nuestr@s hij@s. Y es muy positivo, porque ganamos en paz, en tranquilidad en el hogar, con menos discusiones que socaven a la pareja. Trabajando en ello desde edades tempranas, sembraremos para el futuro.

L@s hij@s nos estudian, nos conocen y saben a quién y cuándo pedir ciertas cosas. Lo aprendieron desde la infancia, observándonos, interactuando con nosotros.

Se requiere pues una coherencia mínima de criterios y maneras de educar en la pareja. Deben percibir que aunque los padres y/o las madres somos diferentes, tenemos claro lo que queremos y exigimos por igual, porque intentamos educar por igual.

He aquí algunas posibilidades:

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¡Cuidado! ¡¡Adultos Irresponsables tomando decisiones absurdas!!

voleibol

Hay situaciones en las que a una madre o a un padre les cuesta entender las actitudes o respuestas que algunos adultos ofrecen a sus a sus hijos/as menores de edad. Este comentario  viene a cuento de una llamada que hemos recibido no hace mucho en nuestro teléfono 116.111 y que cambiando algunos datos, vino a ser algo así:

Unos padres nos cuentan que su hija de 17 años ha abandonado el club de voleibol de su pueblo para ingresar en otro de mejor categoría dado que a la chavala se le da bastante bien este deporte. El caso es que la decisión de cambiar de equipo ha molestado al club de origen, algo que, digamos, puede tener cierto sentido o lógica. Lo que ya no lo tiene tanto es el hecho de que, como fruto de dicho «enfado», se perjudique a otra menor. Y es que esta chica de 17 tiene una hermana de 12, apasionada también de este deporte, la cual este mismo curso escolar  entraría a formar parte del equipo que acababa de abandonar la mayor. Pero la sorpresa ha llegado cuando el club no le ha dejado inscribirse, según refieren los padres, como represalia por la salida de la hija mayor. Como es lógico, esta decisión ha molestado a la familia entera pero especialmente a la chavala pequeña.

Y claro, la pregunta que nos hacemos en el servicio es:

¿Qué culpa tiene la pequeña adolescente de que su hermana salga del equipo?

¿Han pensado las personas responsables del club el daño que pueden hacer a la pequeña?

Desde Zeuk Esan se les ha orientado a estos padres, lógicamente, a que busquen explicaciones y las razones de esta decisión y en el caso de que no se las den, o los argumentos no sean aceptables, exijan responsabilidades a organismos superiores (Ayuntamiento si el equipo recibe ayudas o subvenciones municipales o, si es necesario, acudir al Ararteko) Combinar todo ello con un apoyo y un arrope a la menor perjudicada (a las dos chavalas, de hecho) y la búsqueda, si es posible y llegado el caso, de un club de voleibol alternativo.

Una situación curiosa y bastante diferente a lo que solemos atender en Zeuk Esan y  que esperamos sirva para hacer reflexionar a personas adultas en cargos responsables sobre el valor de sus actitudes y las consecuencias de las mismas.

En definitiva, la empatía y la capacidad de dialogo se reivindican con claridad en estos casos.

El Mito del Internado

El Mito del Internado

– «Estoy muy triste porque he suspendido todas y mi aita me ha dicho que me van a meter en un internado».

Podríamos calificar esta frase como uno de los clásicos entre las llamadas de broma que recibimos. Y sí, decimos de broma porque, al menos hasta el momento, no hemos comprobado que ninguna de esas llamadas sobre el Internado sean ciertas; y ojo, éso no quiere decir que no existan este tipo de centros en Euskadi.

A donde sí nos ha llevado esa cita es a reflexionar al respecto de ella o, mejor dicho, sobre lo que implican este tipo de «amenazas» por parte de muchas madres y muchos padres. Y es que, al fin y al cabo, si los chicos y las chicas nos transmiten ese castigo es porque, seguramente, lo habrán escuchado muchas veces en casa y, quizás, de tanto escuchar lo acaban ridiculizando.

Por ello, es importante remarcar a las madres y padres que nos leen en este blog la importancia de ser transparentes, francos y que si se anticipa una consecuencia ante un comportamiento negativo de sus hijos e hijas, es conveniente que sea susceptible de ser cumplida. Puro sentido común. Si queremos corregir y, llegado el momento, hay que hacer efectiva la consecuencia o el castigo comunicado, hay que hacerlo, si no el aprendizaje de nuestros chavales y chavalas será que su mal comportamiento, finalmente, no ha tenido ningún tipo de consecuencia y, por tanto, se verán legitimados y legitimadas a repetirlo.

Y, en estos casos, el Mito del Internado es muy recurrido y socorrido para muchas madres y padres, pero, como decíamos, no parece que surta mucho efecto cuando los propios chicos y chicas se lo toman a coña. Alejémonos, pues, del Internado y, puestos a anticipar una consecuencia, elijamos una que sea factible de llevar a cabo.

Empatizando con las Madres/Padres de las/os «Culpables»

El pasado viernes Noruega fue sacudida por un terrible atentado que dejó un importante número de víctimas. Un drama al que el pais nórdico no está acostumbrado y que ha causado una importante conmoción entre su ciudadanía. Cuando suceden hechos de este tipo, nos acordamos lógicamente, de las personas muertas y sus familias. Nos solidarizamos, les mostramos nuestra afección y, en la mayoría de las ocasiones, empatizamos con ellas. Pero también en estos momentos deberíamos acordarnos de la familia del responsable de esta atrocidad. En los pasados días, algunos medios sí han recogido la reacción del padre del autor de la masacre de Oslo y de la Isla de Utoya. Este señor ha declarado que desearía que su hijo «se hubiera suicidado antes de matar«.

Todo ello, nos ha llevado a reflexionar en Zeuk Esan hacia la figura de las madres y los padres cuando sus vástagos acometen acciones negativas. Evidentemente, el caso de Noruega es extremo, pero en la vida cotidiana se dan muchas situaciones en las que las madres y padres sufren en sus propias carnes las consecuencias de los actos de sus hijas e hijos.

Por ejemplo, cuando un o una adolescente comete un robo, un delito,  agrede a otra o a otro, cuando llaman desde urgencias alertando de un coma etílico, etcétera… las madres y padres reciben un shock importante. En ese momento, pueden pasar muchas cosas por la cabeza y, en muchos casos, pueden llegar a sentir un sentimiento de responsabilidad como causantes indirectos de lo que ha sucedido. Es muy común el pensar en el «si no le hubiera dejado ir«, reflexionar acerca de la pregunta típica del «en qué hemos fallado«, etc…

En la mayor parte de los casos, a pesar del estupor inicial, la secuencia de los acontecimientos vira, nuevamente, hacia la protección de los hijos e hijas. Es decir, aunque lo que él o ella haya hecho sea grave, se tiende a defenderlos. Es lógico. Y, en los casos que no sean excesivamente graves, es aconsejable recogerles porque, a no ser que haya algún tipo de dolencia mental de por medio, ellos o ellas, sabedores de su responsabilidad, también se sentirán culpables.

Obviamente, una vez dado el paso de decirles de alguna manera que, a pesar de lo que has hecho, estamos aquí, sería conveniente, sobre todo en el caso de los menores o adolescentes, hacerles ver mediante alguna consecuencia acordada entre los progenitores (castigo, etc…), que efectivamente se han sentido apenados, tristes, enfadados por lo sucedido. Es importante para reforzar el aprendizaje educativo que, también en estos casos, se da.

Como comentábamos, estas pautas son aplicables ante los episodios ordinarios que pueden suceder en el seno de casi cualquier familia. Sin embargo, el ejemplo con el que hemos comenzado este post es tan extraordinario que no sabríamos decir si nuestra reacción sería como la del padre del asesino confeso noruego.

Aprovechamos este texto para recordar que el servicio Zeuk Esan está abierto también a madres y padres con dudas, preocupaciones o pregunta relacionadas con menores de edad, sea sobre un tema parecido al de esta entrada o sobre cualquier otro.

Todas y Todos Somos Responsables

Todas y Todos Somos Responsables

A menudo, recibimos llamadas al 116.111 de madres y padres que están viviendo episodios conflictivos con su hijo o hija adolescente; pugnas de autoridad, cuestionamiento de los límites, empoderación de las y los menores en casa… que los progenitores no están sabiendo gestionar y controlar.

La mayor parte de estos planteamientos que exponen estas madres o padres parten de ejemplos concretos que están viviendo en esos momentos y que, para ellas y ellos, ya es la gota que ha colmado el vaso: amenazas, chantaje e incluso agresiones filio-parentales que, en nuestra opinión y en la mayoría de los casos, no dejan de ser síntomas de una evolución de, en general, una mala práctica educativa.

Por ello, solemos tratar de hacer un poco de historia o recorrido para saber cómo ha sido la relación entre madre/padre e hijos/as hasta llegar a la situación de que el o la adolescente llegue a ese punto: ¿normas poco claras en casa?, ¿ausencia de alguna de las figuras paternas?, ¿excesiva permisividad?, etc…

En estos como en otros casos, las chavalas y chavales que tienen estos comportamientos son los principales responsables como actores directos de los mismos pero, como en casi todas las cosas, siempre se pueden encontrar causas que expliquen cómo se ha llegado a dicha situación. Y es aquí donde, en muchas ocasiones, empezamos a notar, al otro lado del auricular, que a estas madres y padres no les gusta ahondar en esas causas porque (insistimos, en la mayoría de los casos) se descubre que buena parte de la responsabilidad les corresponde a ellos y a ellas.

Y es aquí, con el fin de huir de ese sentimiento de culpabilidad, cuando muchos padres y madres comienzan a achacar a otros agentes o terceras figuras su cuota de responsabilidad: escuela, profesionales de la sanidad, Educadoras, Psicólogos e incluso equipos de fútbol…

Con todo, entendemos que ningún padre o madre llama a Zeuk Esan para escuchar cómo se le «lee la cartilla» y tampoco es éso lo que se pretende desde este servicio, pero sí vemos necesario que sean conscientes de que todas y todos tenemos nuestra parte de responsabilidad cuando se llega a situaciones así. Y sí, entendemos que puede doler escucharlo, pero no podemos callarnos por ello. Otra cosa es que, una vez dicho, a veces (afortunadamente, las menos) nos cuelguen el teléfono.

Yo No Soy Racista, pero…

Pareja mixta– Yo no soy racista. A mí me da igual el color de la piel de otras personas, pero estoy preocupada porque mi hija de 15 años se ha liado con un chico de color, que vive en un centro de menores y es musulmán. Y mi hija ha empezado a dejar de comer cerdo y ha dejado de salir con sus amigas y en casa estamos muy preocupados porque vemos que la niña está cambiando y les llamaba para ver si ustedes pueden hacer algo…

– ¿Y qué quiere que hagamos nosotros, señora?

– Pues no sé… Traten de hablar con ella para ver si la convencen o, a lo mejor, ustedes pueden hablar con los responsables del centro al que acude ese chico y hacerle ver que, por su comportamiento, está influyendo negativamente a nuestra hija… No sé, el caso es que nosotros queremos lo mejor para nuestra chiquilla…

– ¿Y ustedes han tratado de hablar con ella?

– Sí, pero cada vez que tocamos ese tema, se pone a la defensiva y se enfada y…

– ¿Y ustedes han tratado de hablar con las personas responsables del centro al que acude el chaval con el que sale su hija?

– Sí y la Educadora que nos ha atendido nos ha dicho que es un chaval muy majo y muy responsable, pero nosotros le hemos dicho los cambios que hemos notado en nuestra hija y parece que esta chica se lo ha tomado a mal y se ha negado a darnos más detalles sobre este chaval y…

– Hombre, es normal, ¿no?

– Sí, no lo sé… Pero vaya, ¿qué cree usted que podemos hacer?

– De momento, lo que se me ocurre es que ustedes deberían darle una oportunidad a ese chico o, al menos, no ser tan fiscalizadores con su hija en relación a ese noviazgo. Yo entiendo la preocupación que usted tiene ante los cambios que está viviendo su hija. Si ustedes cambian su actitud a la hora de hablar de este tema con ella, posiblemente les empiece a escuchar y, entonces, sí podrán hacerle ver que les sorprende los cambios que está viviendo.

– Pero, ¿cómo se hace éso?

– Pues demostrándole a su hija que entienden lo que siente, no hablar de su relación siempre desde un punto de vista negativo, no culpabilizándola… Además, a usted que le preocupa, ¿que su hija tenga novio o que ese novio sea negro? Porque, a lo mejor, si su chavala ve esa actitud en usted, en el futuro le va a costar presentarle a otras parejas que tenga… Piense también que su hija, con 15 años, es decir, siendo adolescente, va a vivir esta relación como si fuera el único y verdadero amor y si ve que ustedes están en contra por la raza o por el nivel socioeconómico, pues aún puede que pelee mucho más por defender ese amor…

– Bueno, pues intentaremos hacer lo que usted nos dice, pero no sé… Gracias.

Nos Divorciamos como Pareja, NO como Padres/Madres

Desde la puesta en marcha del teléfono 116.111 un alto porcentaje de las llamadas que nos hemos encontrado realizadas por personas adultas tienen que ver con la situación que viven unos menores en un contexto de separación o divorcio de sus padres. Quejas por parte de madres por el incumplimiento de las visitas, denuncias por parte de padres porque no pueden ver a sus hijos e hijas y un largo etcétera de casuísticas que afectan negativamente a la situación de los menores presentes en esa unidad familiar.

Obviamente, el divorcio o la separación no es plato de buen gusto para ninguna familia y más cuando hay menores de por medio. No deja de ser, en nuestra opinión, la constatación de un fracaso de un proyecto familiar o de pareja, pero, al mismo tiempo, muchas veces es preferible una separación que una mala convivencia perceptible por todos los miembros.

Dicho lo cual, hay una máxima que debe regir en este tipo de procesos siempre que hay hijos e hijas: el divorcio o la separación es sólo de los progenitores, es decir, madres y padres no dejamos de ser nunca. Desgraciadamente, ésto es algo que cuesta entender a muchas madres y padres inmersos en una situación de estas características, lo que acaba generando que, a menudo, se manipule a los y las menores y, en consecuencia, que éstos acaben sufriendo a partir de una situación en la que ellos y ellas no han tenido nada que ver.

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