La culpa es de Youtube

Hay que ver. Hay que ver cómo, a veces, las madres y padres justificamos comportamientos de nuestros hijos e hijas cuando no tienen justificación. O, directamente, les exculpamos. Atribuimos a personas o cosas la responsabilidad de un acto determinado. Esta reflexión introductoria viene a colación de un episodio que nos relataba hace poco una madre en nuestro teléfono 116.111 – ZEUK ESAN.

La mujer que nos llamó contaba que su hijo de cuatro años, de carácter muy sociable, se acercó una tarde de este verano, en la plaza, a un grupo de otros chicos más mayores que él, de unos 9 o 10 años. El niño en cuestión fue aceptado por el grupo y la madre veía, desde la distancia, como su hijo hablaba y reía con ellos. Pasados unos minutos, empezó a ver como los chavales mayores reían de manera más expresiva, más sonora, señalando, además, en sus ademanes, al pequeño. Ella también veía que su hijo, sin transmitir ninguna emoción negativa, parecía reír con ellos sin entender muy bien por qué. Al de poco, el crío se acercó a su ama y le dijo:

– Ama, los chicos me dicen que va a ser muy divertido cuando mire al cielo y vea como una polla con alas se aposenta sobre mi cabeza.

Lo dijo sonriendo, según la madre. Inocente, sin entender muy bien el contenido de lo escuchado. Contento porque los mayores le hacían caso. Al oír eso y, por tanto, darse cuenta que esos chavales se estaban riendo del niño, más que con él, y aún siendo consciente que no era una cosa especialmente grave, la madre decidió acercarse a ellos para, sin grandes aspavientos y sin que su hijo le escuchara, recriminarles su juego.

– A ver, chicos, ¿de verdad os resulta divertido decirle ese tipo de cosas a un niño de cuatro años que no entiende esas expresiones?, ¿no tenéis otra forma de pasarlo bien? – dice que les dijo.

Los chavales, al escuchar a la mujer, empezaron a acusarse mutuamente: “que yo no he sido, que ha sido éste, etcétera”. La chica, en cualquier caso, no esperaba mucho más de ellos, simplemente quería expresarles que no le parecía bien lo que habían dicho y hecho. Lo iba a dejar ahí cuando, de repente, apareció la madre de uno de esos chicos preguntando qué es lo que había pasado. Así, la ama del niño de cuatro años consideró oportuno explicarle a la otra mujer lo que había pasado. Cuando lo hizo, la aludida respondió de la siguiente forma, delante de su hijo y de los otros:

– Ay, estos chiquillos… ¡qué cosas tienen! Todo esto es culpa del Youtube, que siempre están viendo vídeos de bromas y, al final, las quieren llevar a la práctica. Además, si mi hijo es muy niñero, le encantan los niños, pero, ya sabes, cuando se junta con los de su edad, se crece y hace estas tonterías… ay, estos chiquillos…

Tras escuchar este relato, nos preguntamos: ¿qué ha aprendido el grupo de 9 o 10 años escuchando a la madre de uno de ellos? Que la culpa es de Youtube. ¿Qué ha aprendido el hijo de dicha madre? Que él no tiene la culpa, que se ha comportado así por juntarse con los mayores. En definitiva, un comportamiento negativo realizado hacia un niño bastante más pequeño que ellos queda en nada. No ha escuchado ningún tipo de reproche de su madre, sólo justificaciones. Y vale que este es un episodio anecdótico, poca cosa, más teniendo en cuenta que el niño de cuatro años no se sintió ofendido ni molestado, pero, a pesar de ello, creemos que no hubiese estado de más que su madre le o les dijese que eso no está bien, que no pueden decirle esas cosas a un niño tan pequeño y que deberían pedirle perdón al propio niño e incluso a la madre. Pero no. Nada de eso pasó. La culpa es de Youtube.

Foto vía Flickr CC

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