El rechazo te deja al otro lado de los límites

En el post de hoy os propongo un tema bastante relacionado con el último que publicamos, titulado “Del amor al odio o como fastidiar la vida a hijos e hijas”.

Entramos en situación: tras la separación de los progenitores, en uno u otro momento, alguno de los vástagos dice que prefiere vivir con el otro, que ya está harto de que le pongan tantos límites, que la otra parte le entiende y es más complaciente… Con mucha frecuencia, según aumentan las ansias de libertad y de proceso de identificación de los menores, llegando a esa pubertad que les altera, el progenitor más habitual tiene que lidiar con esas expresiones de adolescencia exigente, que quieren algo que a veces ni saben lo que es….y además ya.

Es cierto que hay muchos conflictos intrafamiliares muy dolorosos, no sólo producto de la resolución de la adolescencia, sino también de la mala relación filio-parental o de otras causas externas que, a veces, con ayuda y apoyo, se podrían solventar. Y sobre todo de la mala relación que se da entre las exparejas.

Cuando estos hijos e hijas comienzan con el tira y afloja, a jugar con las desavenencias entre los progenitores intentando tensar la cuerda para comprobar hasta dónde llega el Amor, es cuando más necesitan esa firmeza y esa función de “contención” que debieran ejercer las figuras parentales. Es una magnífica oportunidad que no se puede desperdiciar, un regalo, la gran ocasión de educar con el ejemplo en lo que es la contención, también las muchas y muy diversas maneras de solucionar los conflictos, cómo podemos convivir con diversidad de opiniones y cómo se puede consensuar, ceder y a veces aguantar, porque es lo que hay, y siempre desde el respeto y sabiendo que tienen el amor incondicional de sus progenitores, que aunque se pasen estrecheces, con aita y ama, separados, todo está bien.

Qué penita cuando me llama un menor y me cuenta, enfadado, indignado, sin apenas identificar que esta rabia, esa ira que siente nace del dolor y del miedo, del mazazo directo al corazón que ha recibido, porque en el juego de aprender a ser adulto llevando a los progenitores hasta los límites, esos límites que tiene que encontrar y chocar con ellos y quejarse y volver a intentarlo,…en ese juego, los adultos le responden: ”No te quiero conmigo” y la explicación es aún mejor: “No tengo sitio para ti, las dos habitaciones que tengo vacías en casa no son para ti. No quiero que te quedes conmigo”. Y la otra parte añade “Si el piii de tu padre o madre no te quiere cuando le toca, aquí conmigo no te quedas”. Y lo que oye el menor es, en definitiva: “No te quiero”.

Tantas posibles respuestas y todas reales, un “no podemos darte lo que pides”, un “no podemos darte eso que pides”, un “yo te quiero, pero no pude ser, ahora no”. Poner el límite con firmeza sin volcar más piedras a la mochila que llevan esos menores cuando la relación entre sus progenitores es muy conflictiva.

Porque lo que necesitan oír es “te quiero”.

Imagen: Eduardo Granizo (Flickr – CC)

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