Encuentro para Madres y Padres con Hijas e Hijos Mayores de 14 años

Hoy escribimos para presentaros una interesante iniciativa que va a poner en marcha la fundación catalana Igenus junto con la entidad vitoriana Ai Laket!! destinada a madres y padres nacidos entre el año 50 y 70, con hijos e hijas de 14 a 30 años y que cuando eran más jóvenes salían de fiesta. El objetivo: sentarse alrededor de una taza de café y reflexionar y charlar sobre cómo abordar el tema de la prevención de drogodependencias, con nuestros hij@s, una vez se acercan a la adolescencia…

La cita tendrá lugar el próximo 30 de junio en una de las salas del centro cívico ALDABE de Vitoria-Gasteiz. La metodología de este encuentro se desarrollará mediante una reunión de 7 u 8 personas en las que el moderardor expone diferentes temas, y los asistentes hablan dando su opinión. Algo así como si se tratase de una tertulia de sobremesa, en la que cada una y cada uno da su opinión. Es decir, hablan los participantes no el moderador.

Además a todas las personas que asistan a esta actividad, se les gratificará con 40 € ticket regalo (no en metálico) que se pueden canjear en la mayoría de marcas “grandes”, además de un libro del equipo de investigación (sobre adolescentes o sobre mujeres )

Si queréis más información sobre este encuentro, os aconsejamos echéis un vistazo a este link o, si queréis, nos podéis llamar al 116.111, si bien este servicio no tiene ningún tipo de vinculación con este acto.

Desde aquí, sólo nos queda aplaudir este tipo de iniciativas, en las que se pone en valor la comunicación como herramienta fundamental en la prevención de consumos de riesgo entre nuestras hijas e hijos.

Una infancia arrebatada

Esta mañana conducía mi coche, en dirección al trabajo, cuando por la  radio escuchaba la noticia de cómo una niña de 12 años se hallaba en avanzado estado de gestación. La menor fue violada a la edad de 11 años por el novio de su madre, según se sospecha y está en estos momentos albergando en sus entrañas una criatura de seis meses.

Parece ser que durante todo este tiempo nadie ha reparado en esta chiquita, ni en su cada día más abultada barriga. Con su padre cumpliendo condena en la carcel, esta niña ha sido invisible a la mirada de su madre, que era con quien vivía. No mirada y no existente. A su vez, ha sido impunemente desgarrada y usada por un individuo, haciendo uso de la fuerza, enferma lascivia e inhumanidad propias de un ser difícilmente catalogable como persona.

Las autoridades, al conocer los hechos, han suspendido la Patria Potestad a la madre y asumido la Tutela como primera medida protectora. Teniendo en cuenta la gravedad de lo sucedido, es legítimo pensar que tal medida  sea irreversible y el futuro de esta niña pase por la vía del acogimiento familiar permanente o preadoptivo. La de la niña y la de su futuro bebe claro, porque según parece la legislación vigente no permitirá la práctica del aborto al haber trascurrido seis meses desde la fecha de la concepción.

No parece que la vida de esta niña haya sido fácil. No parece que lo vaya a ser. Sin embargo, quiero pensar que las autoridades competentes, aún están a tiempo de procurarle un futuro familiar alternativo que le permita elaborar el daño sufrido, que el sostenga emocionalmente y enseñe a comprender que ella es un ser digno de amor, de respeto y que tiene derecho a ser feliz. Ojala, dentro de un tiempo, este suceso atroz sea una sombra asumible para esta niña precozmente arrebatada de su inocencia.

Estoy encantada

Hoy ha vuelto uno de mis hijos de un largo viaje de una semana en París. Han visto museos y sitios, han disfrutado, se han divertido, (no han practicado francés, ¡huy!) y efectivamente han crecido. Tras ducha y cena y con los ojos medio cerrados por el cansancio, desde el umbral de la verdad, con las defensas bajas, resume la experiencia: “Qué duro es convivir con alguien que se salta las normas del grupo. Habíamos quedado siete personas en dejar las chancletas a secar en la ventana, pero una persona ha decidido que ese consenso no iba con ella y ha estado siempre todo por el medio…su ropa por las otras literas, las chanclas molestaban fueras a donde fueras…desenchufaba los teléfonos que estaban cargando para conectar el suyo…, qué mal convivir con alguien que falta de esa manera a los derechos de los demás…”.

Estoy encantada, este año  me iré de vacaciones con un adolescente redimido, reflexionado, que otras cosas hará, pero este año, no dejará sus chanclas en medio del salón.

Esto prueba mi teoría de que nosotros hemos de sembrar, hacerles sensibles a ciertas situaciones, pero hasta que ellos mismos no las padezcan, no las experimenten (que es lo que les falta a nuestros adultos en ciernes, experiencia), no las aprenderán, no las harán suyas.

¡¡¡Ánimo, que estamos a tiempo!!!

Y por cierto, decía un filósofo que en vacaciones no hay problemas”. Que disfrutéis de las vuestras.

Yo No Soy Racista, pero…

Pareja mixta– Yo no soy racista. A mí me da igual el color de la piel de otras personas, pero estoy preocupada porque mi hija de 15 años se ha liado con un chico de color, que vive en un centro de menores y es musulmán. Y mi hija ha empezado a dejar de comer cerdo y ha dejado de salir con sus amigas y en casa estamos muy preocupados porque vemos que la niña está cambiando y les llamaba para ver si ustedes pueden hacer algo…

– ¿Y qué quiere que hagamos nosotros, señora?

– Pues no sé… Traten de hablar con ella para ver si la convencen o, a lo mejor, ustedes pueden hablar con los responsables del centro al que acude ese chico y hacerle ver que, por su comportamiento, está influyendo negativamente a nuestra hija… No sé, el caso es que nosotros queremos lo mejor para nuestra chiquilla…

– ¿Y ustedes han tratado de hablar con ella?

– Sí, pero cada vez que tocamos ese tema, se pone a la defensiva y se enfada y…

– ¿Y ustedes han tratado de hablar con las personas responsables del centro al que acude el chaval con el que sale su hija?

– Sí y la Educadora que nos ha atendido nos ha dicho que es un chaval muy majo y muy responsable, pero nosotros le hemos dicho los cambios que hemos notado en nuestra hija y parece que esta chica se lo ha tomado a mal y se ha negado a darnos más detalles sobre este chaval y…

– Hombre, es normal, ¿no?

– Sí, no lo sé… Pero vaya, ¿qué cree usted que podemos hacer?

– De momento, lo que se me ocurre es que ustedes deberían darle una oportunidad a ese chico o, al menos, no ser tan fiscalizadores con su hija en relación a ese noviazgo. Yo entiendo la preocupación que usted tiene ante los cambios que está viviendo su hija. Si ustedes cambian su actitud a la hora de hablar de este tema con ella, posiblemente les empiece a escuchar y, entonces, sí podrán hacerle ver que les sorprende los cambios que está viviendo.

– Pero, ¿cómo se hace éso?

– Pues demostrándole a su hija que entienden lo que siente, no hablar de su relación siempre desde un punto de vista negativo, no culpabilizándola… Además, a usted que le preocupa, ¿que su hija tenga novio o que ese novio sea negro? Porque, a lo mejor, si su chavala ve esa actitud en usted, en el futuro le va a costar presentarle a otras parejas que tenga… Piense también que su hija, con 15 años, es decir, siendo adolescente, va a vivir esta relación como si fuera el único y verdadero amor y si ve que ustedes están en contra por la raza o por el nivel socioeconómico, pues aún puede que pelee mucho más por defender ese amor…

– Bueno, pues intentaremos hacer lo que usted nos dice, pero no sé… Gracias.

Crece la Violencia Filio-Parental

Crecen un 30% los menores vascos condenados por agredir a sus padres. Se trata de un titular impactante que pone de manifiesto una situación que se viene dando desde hace algunos años, no sólo en el País Vasco, obviamente, y para el que se están tratando de poner medios, aunque, de momento, visto lo visto, parece que no están siendo suficientes.
Puestos a analizar este titular, lo primero que surge es pensar en las causas. Y, en este sentido, acudo a la situación de falta de autoridad que rige hoy en día entre nuestros chavales y chavalas, la laxitud imperante en el seno de las familias cara a marcar normas y límites, derivada, quizá, de que nos encontramos o nos hemos encontrado ante una generación de madres y padres surgidos tras una época de excesiva rigidez educativa o autoritaria y que, por antagonismo a la misma, ha flexibilizado la imposición de los mencionados límites, la banalización de la violencia o la perniciosa influencia de algunos elementos (como la televisión, por ejemplo), el escaso tiempo que pasan los progenitores con nuestros hijos e hijas, la creencia, durante mucho tiempo, de que el castigo podría conllevar el surgimiento de algún trauma en nuestros vástagos, la sobredimensión de los derechos de los menores versus la infravaloración de sus deberes, etcétera… Desde luego, son causas sobre las que se han escrito ríos de tinta y sobre las que hay mucha literatura al respecto a la que poder acceder, por lo que no vamos a ahondar más en este sentido.

Sí me gustaría seguir escribiendo sobre cómo llegan a reaccionar muchos padres y madres cuando se encuentran en una situación en la que llegan a ser agredidos por sus propios hijos. Insisto en que las causas de llegar a tal extremo pueden ser muy variadas, aunque todas, en mi modesta opinión y en la mayoría de los casos, tienen como denominador común una errática práctica educativa por parte de los progenitores. En todo caso, llegados a tal punto, tratar de ponerse en la piel de esas madres y padres nos lleva a pensar que debe ser durísimo.

Que el chaval o chavala que has criado se rebele ante ti de una forma tan agresiva tiene que generar una impotencia increíble. Que se dé un desequilibrio en las figuras paterno-filiales va contra natura, lógicamente; además, sé que se encuentran con la frustración de no poder hacer mucho más llegados a esa situación, es decir, no se atreven o no pueden enfrentarse al agresor o agresora. De esta forma, acaban llamando a la policía para denunciar (cuando la situación ya se torna insostenible) y esto, a su vez, provoca una mayor frustración ya que, en definitiva, delegas lo poco que podía quedar de tu autoridad en un agente cohercitivo.

Pero, no hay mucho más y, como en otras situaciones de violencia, al final ésa es la única salida, de ahí que los datos hayan crecido. Incluso, se podría extraer una conclusión positiva a este respecto: las madres y padres agredidos por sus hijos e hijas empiezan a perder ese miedo, esa vergüenza a reconocer dicha situación y comienzan a denunciar.

Luego, a partir de ahí, empiezan a proliferar centros especializados en violencia filio-parental que, a través de una labor educativa y terapeútica, tratan de reconducir la situación familiar, obteniéndose, en muchos casos, excelentes resultados. Si queréis información sobre estos recursos o estás viviendo un conflicto de estas características o conoces a alguien que lo viva, puedes ponerte en contacto con nuestro teléfono 116.111, Zeuk Esan, en el que también atendemos este tipo de casos.

¿Por qué es tan Importante pedir Perdón?

En una reunión de padres y madres de niños pequeños, comentaban que no había que pedir perdón a sus hijos e hijas. Pensaban que hacerlo les restaría autoridad y daría mal ejemplo, porque demostraría inseguridad y/o debilidad.

Nada más lejos de la realidad y los que ya tenéis a vuestras hijas e hijos crecidos, ya sabéis lo importante que son las muestras de respeto básicas en la familia, porque la línea es muy frágil, sobre todo cuando la confianza y la hormona están tan predispuestas a inflamarse.Para el día a día en el hogar es necesaria la calma, que la bronca y el conflicto llegan solas de la mano del roce y del choque de intereses.
Paso a explicaros los motivos que me llevan a pensar que pedir perdón es muy importante:
▪ Nuestros hijos e hijas, aprenden que no tienen por qué tener siempre razón y que, se puede estar equivocado y seguir siendo buenas personas.
▪ Aprenden que hay que admitir un error antes de poder corregirlo, y que corregir errores es importante.
▪ Descubren que pedir disculpas es difícil, y que hay que ser fuerte para hacerlo.
▪ Ven una muestra de sinceridad, que tal vez no vean en otra parte.
▪ Aprenden que una buena familia repara los malos sentimientos que se producen entre sus miembros.
▪ Aprenden la virtud de perdonar a los demás cuando pierden temporalmente el control.
▪ Aprenden que la disculpa es una forma de reconocer que otra persona es digna de respeto.
En resumen, pedir perdón enseña a respetar a los demás, lo cual nos lleva directamente a respetarnos a nostros mismos.

Nuestra Juventud y las TICs

Acabo de leer un artículo sobre nuestra juventud y las TICs, que tranquiliza bastante. Y es que hay gran alarma entre los padres y madres sobre la utilización que hacen nuestros hijos e hijas de dichas tecnologías. Parece que se demoniza a estas nuevas formas de comunicación y se obvia la gran potencialidad de las mismas.

Por nuestra parte, en gran medida, el temor está fundado en el desconocimiento, no sabemos lo que hacen, ni con quién. Muchos medios se hacen eco de la cantidad de peligros que existen y algunos que aún no han aparecido, pero que llegarán.

Pienso que es muy importante desdramatizar e informarse, conocer lo que es y cómo se utiliza. Si lo vemos desde dentro, el peligro tiene otra cara.

Según un estudio al que hace referencia el artículo, el 90% de los usuarios de las redes, tienen entre 15 y 18 años. Son los “nativos digitales”. Han aprendido desde pequeños y saben defenderse por esas rutas que navegan, aunque a veces tropiecen.

Resulta curioso ver, según dicho estudio, las diferencias en la utilización de las redes según las edades.

Por un lado, el Tuenti lo utilizan los más jóvenes, y a partir de los 20 años (más o menos) se pasan al Facebook.

Por otro lado, pensábamos que nuestros hijos e hijas iban a quedarse en casa, en la soledad del hogar a chatear, a hacer amigos virtuales, que iban a ser relaciones sustitutivas del cara a cara, pero resulta que la mayoría las utilizan para reforzar lazos ya existentes. Siempre puedes añadir a alguien a tu grupo, porque te lo presenta un amigo, pero reforzamos la amistad con gente lejana, con amigos a los que quizá de otra manera estaríamos años sin contactar con ellos, o con los que acabamos de dejar a la puerta de casa, despedirnos y conectar de nuevo con ellos a través de la red.

Todo un mundo de posibilidades que los padres y madres debiéramos conocer para entender un poco más qué es lo que les pasa a nuestras criaturas…

Tener un mal día y descargar el mal humor en los hijos.

Hemos tenido un mal día en el trabajo, entramos en casa y lo encontramos todo patas arriba: todo sin recoger mientras nuestro/a hijo/a juega con el mando a distancia. No ha hecho ninguna de las tareas que le habíamos asignado y entonces, estallamos de manera desmesurada, perdemos el control, saltamos y al final, nos arrepentimos de lo que hemos dicho o hecho.

Pero, ¿puedo convertir el mal humor en un discurso instructivo?.

Vaya por delante, que un salto de límites, un no cumplir con lo pactado, debe tener consecuencias. Pero, si antes de estallar, conseguimos respirar y contar hasta tres, muy probablemente, no tendremos que enfrentarnos luego a ese sentimiento de culpa con el que algunos padres y madres se fustigan.

He aquí algunas posibilidades de actuación, que nos ayudarán a mantener el control

  • Ser conscientes de que estamos muy enfadados y tomar la decisión de no reaccionar, de no dejarnos llevar por esa ira que nos invade.
  • Recuperar la serenidad, para ello puede sernos útil irnos de la estancia, esperar cerrando los ojos o apartar la mirada, contar hasta 10, etc, de tal manera que tengamos el espacio y el tiempo que necesitamos para recuperar la serenidad.
  • Cuando nos hayamos calmado utilizar frases que describan los hechos, dejando de lado las descalificaciones y las acusaciones.
  • Recurrir al buen humor es una herramienta poderosísima para suavizar el ambiente, desdramatizar los hechos y volver a la calma.
  • Situar en el presente lo que ha sucedido sin añadirle etiquetas adicionales del tipo… “eres un desastre”, “holgazán”, “siempre ….”, “así no llegarás a ningún lado”, “nunca haces …”etc…
  • Escribir una nota o una pequeña carta en la que le describamos lo que ha sucedido, cómo nos hemos sentido y lo que necesitaríamos hacer nosotros o que él hiciera para solucionar el conflicto.
  • En caso de haber perdido los estribos, pedir perdón o demostrar que sentimos lo sucedido.

Seguro que tendréis otras maneras de conseguir controlar ese primer impulso de saltarles a la yugular, sea cual sea, lo importante es practicarlas, que no se queden sólo en el papel.

Mi Padre Es Un Hooligan

Este fin de semana fui a ver al hijo de unos amigos a un partido de hockey sobre ruedas. ¡¡¡Qué experiencia más “educativa”!!!

Los padres y madres pidiéndoles a sus hijos que metieran los sticks al contrincante por “no sé dónde”. Un horror. Yo no daba crédito. Sabía que el deporte escolar tenía ciertos aspectos bastante tristes, pero verlo en vivo, directo y a lo grande, me sobrecogió.

Hoy encuentro en un periódico un artículo muy interesante al respecto. Os incluyo el enlace para que podáis leer el artículo entero. No tiene desperdicio: “ mi padre es un hooligan”.

La Federación de Fútbol de Murcia emprendió hace dos años una investigación para medir la violencia verbal en categorías infantiles, concluyendo que: “los padres causan el 80% de los altercados en el fútbol base. Psicólogos, árbitros y deportistas piden acabar ya con la violencia”.

Un ejemplo en el extremo de lo negativo fue un árbitro noqueado en el suelo por un padre, cuando los chavales se habían portado divinamente;  en el lado de lo ejemplar, un chaval de 15 diciéndole a sus furibundos seguidores que ‘un poco de respeto para este hombre’.

Además, de la violencia física y verbal hacia los contrarios, es notoria la presión de los progenitores hacia los hijos, que también es muy agresiva y contribuye a menoscabar la autoestima y la seguridad. Según se expone en el artículo, “mientras las madres se desgañitan, algunos padres se ven súbitamente abducidos por el espíritu de Mourinho: dan órdenes, corrigen posiciones, claman contra el árbitro y, quizá sin pretenderlo, cargan a sus hijos con fardos imposibles de llevar.”

La presión paterna se palpa no sólo en el fútbol, sino también en otros deportes. Pepu Hernández, exseleccionador nacional de baloncesto y actual técnico del Joventut, narra “llegué a saber de uno (padre) que le daba la paga a su hija según los puntos que metía en el partido”.

Según Fernando Gimeno, profesor de Psicología del Deporte en la Universidad de Zaragoza. « los chicos buscan el reconocimiento de sus padres. En estas circunstancias, el mensaje de ‘yo quiero que seas el mejor y no puedes fallar’ resulta mucho más negativo que el de ‘esfuérzate, haz lo que puedas y disfruta’. Cuando un padre se obsesiona por que su hijo brille (y no solo en el deporte), eso suele acabar mal».

En el artículo citan un corto que os recomendamos ver con vuestros hijos e hijas,  se titula “Seis Contra Seis” . No os lo perdáis.

Tengo muy claro que siempre estamos educando y siempre somos modelos educativos, aunque nuestros hijos e hijas tengan 17 ó 27 años. El que los progenitores pierdan los papeles, insultando al árbitro, a las otras personas que compiten, y a las familias de éstas, no es nada educativo. Bueno, educar educa, ¿pero era eso lo que queríamos que aprendieran?.

A mí lo que me da ánimos, es que, según el artículo; los chavales y chavalas muchas veces dan buen ejemplo a sus familias. Materia prima tenemos. El tema ¿es cómo la trabajamos?

Lo Normal que es Discutir; lo Difícil que Resulta Hablar

Familia

Recibimos muchas llamadas en el 116.111 de chavales y chavalas adolescentes quejándose de que discuten mucho con sus padres y madres; diciendo que no les dejan hacer nada, que son unos pelmas… En la mayor parte de esos casos, solemos dar siempre la misma respuesta: es lo normal. Y es que lo es. Es normal que con 13 o 14 años se discuta con los padres, que haya broncas, que no se tengan las mismas opiniones, etcétera. Es ley de vida, es un comportamiento propio del desarrollo humano que, en general, a casi todas y todos nos ha pasado.

De hecho, una prueba de esta normalidad suele darse con el hecho de que son escasísimas las llamadas de adultos, de madres y padres, que llaman quejándose porque discuten mucho con sus hijos e hijas. Alguna ha habido pero, desgraciadamente, han sido en las que la situación se ha vuelto extrema y los chavales se han convertido en auténticos tiranos sobre sus padres. Pero hoy no vamos a hablar de esas casuísticas, si no que vamos a seguir en términos de normalidad. Para ello, volvamos a los chavales.

Así, después de devolverles que, en nuestra opinión, el hecho de que discutan con sus padres y madres es normal, lo segundo que les solemos decir es que, de alguna u otra manera, traten de hablar con ellos. Cuando se les orienta a ello, muchos chicos y chicas casi hasta se ríen; no visualizan esa posibilidad; no acaban viéndose sentados junto a sus padres hablando, tratando de solucionar los motivos de sus discusiones, intentando llegar a acuerdos…

Estas reacciones nos llevan a pensar lo importante que es practicar la comunicación familiar desde la infancia. Estamos seguros de que si existe un hábito de hablar las cosas, si hay establecido en la familia un tiempo al día para tratar las cosas que la afectan, incluyendo a todos los miembros de la misma, incluídos los hijos e hijas, desde que son pequeños y pequeñas, una vez lleguen a la adolescencia y discutan con los padres (que lo harán), muchos de estos chicos y chicas no se sentirán extrañados cuando un profesional le diga, al otro lado del teléfono, que traten de hablar con sus padres.

Y, evidentemente, esta práctica puede ser muy útil, tanto para chavales como para padres, no sólo en lo que respecta a las discusiones propias de la adolescencia; si existe la costumbre de hablar entre progenitores y descendencia, será muy fácil que se pueda encarar con muchas garantías de éxito conversaciones relacionadas con la sexualidad, las drogas, las emociones y otros muchos temas, pero de éso, ya, hablaremos otro día.