¿Por qué es tan Importante pedir Perdón?

En una reunión de padres y madres de niños pequeños, comentaban que no había que pedir perdón a sus hijos e hijas. Pensaban que hacerlo les restaría autoridad y daría mal ejemplo, porque demostraría inseguridad y/o debilidad.

Nada más lejos de la realidad y los que ya tenéis a vuestras hijas e hijos crecidos, ya sabéis lo importante que son las muestras de respeto básicas en la familia, porque la línea es muy frágil, sobre todo cuando la confianza y la hormona están tan predispuestas a inflamarse.Para el día a día en el hogar es necesaria la calma, que la bronca y el conflicto llegan solas de la mano del roce y del choque de intereses.
Paso a explicaros los motivos que me llevan a pensar que pedir perdón es muy importante:
▪ Nuestros hijos e hijas, aprenden que no tienen por qué tener siempre razón y que, se puede estar equivocado y seguir siendo buenas personas.
▪ Aprenden que hay que admitir un error antes de poder corregirlo, y que corregir errores es importante.
▪ Descubren que pedir disculpas es difícil, y que hay que ser fuerte para hacerlo.
▪ Ven una muestra de sinceridad, que tal vez no vean en otra parte.
▪ Aprenden que una buena familia repara los malos sentimientos que se producen entre sus miembros.
▪ Aprenden la virtud de perdonar a los demás cuando pierden temporalmente el control.
▪ Aprenden que la disculpa es una forma de reconocer que otra persona es digna de respeto.
En resumen, pedir perdón enseña a respetar a los demás, lo cual nos lleva directamente a respetarnos a nostros mismos.

Tener un mal día y descargar el mal humor en los hijos.

Hemos tenido un mal día en el trabajo, entramos en casa y lo encontramos todo patas arriba: todo sin recoger mientras nuestro/a hijo/a juega con el mando a distancia. No ha hecho ninguna de las tareas que le habíamos asignado y entonces, estallamos de manera desmesurada, perdemos el control, saltamos y al final, nos arrepentimos de lo que hemos dicho o hecho.

Pero, ¿puedo convertir el mal humor en un discurso instructivo?.

Vaya por delante, que un salto de límites, un no cumplir con lo pactado, debe tener consecuencias. Pero, si antes de estallar, conseguimos respirar y contar hasta tres, muy probablemente, no tendremos que enfrentarnos luego a ese sentimiento de culpa con el que algunos padres y madres se fustigan.

He aquí algunas posibilidades de actuación, que nos ayudarán a mantener el control

  • Ser conscientes de que estamos muy enfadados y tomar la decisión de no reaccionar, de no dejarnos llevar por esa ira que nos invade.
  • Recuperar la serenidad, para ello puede sernos útil irnos de la estancia, esperar cerrando los ojos o apartar la mirada, contar hasta 10, etc, de tal manera que tengamos el espacio y el tiempo que necesitamos para recuperar la serenidad.
  • Cuando nos hayamos calmado utilizar frases que describan los hechos, dejando de lado las descalificaciones y las acusaciones.
  • Recurrir al buen humor es una herramienta poderosísima para suavizar el ambiente, desdramatizar los hechos y volver a la calma.
  • Situar en el presente lo que ha sucedido sin añadirle etiquetas adicionales del tipo… “eres un desastre”, “holgazán”, “siempre ….”, “así no llegarás a ningún lado”, “nunca haces …”etc…
  • Escribir una nota o una pequeña carta en la que le describamos lo que ha sucedido, cómo nos hemos sentido y lo que necesitaríamos hacer nosotros o que él hiciera para solucionar el conflicto.
  • En caso de haber perdido los estribos, pedir perdón o demostrar que sentimos lo sucedido.

Seguro que tendréis otras maneras de conseguir controlar ese primer impulso de saltarles a la yugular, sea cual sea, lo importante es practicarlas, que no se queden sólo en el papel.

Mi Padre Es Un Hooligan

Este fin de semana fui a ver al hijo de unos amigos a un partido de hockey sobre ruedas. ¡¡¡Qué experiencia más “educativa”!!!

Los padres y madres pidiéndoles a sus hijos que metieran los sticks al contrincante por “no sé dónde”. Un horror. Yo no daba crédito. Sabía que el deporte escolar tenía ciertos aspectos bastante tristes, pero verlo en vivo, directo y a lo grande, me sobrecogió.

Hoy encuentro en un periódico un artículo muy interesante al respecto. Os incluyo el enlace para que podáis leer el artículo entero. No tiene desperdicio: “ mi padre es un hooligan”.

La Federación de Fútbol de Murcia emprendió hace dos años una investigación para medir la violencia verbal en categorías infantiles, concluyendo que: “los padres causan el 80% de los altercados en el fútbol base. Psicólogos, árbitros y deportistas piden acabar ya con la violencia”.

Un ejemplo en el extremo de lo negativo fue un árbitro noqueado en el suelo por un padre, cuando los chavales se habían portado divinamente;  en el lado de lo ejemplar, un chaval de 15 diciéndole a sus furibundos seguidores que ‘un poco de respeto para este hombre’.

Además, de la violencia física y verbal hacia los contrarios, es notoria la presión de los progenitores hacia los hijos, que también es muy agresiva y contribuye a menoscabar la autoestima y la seguridad. Según se expone en el artículo, “mientras las madres se desgañitan, algunos padres se ven súbitamente abducidos por el espíritu de Mourinho: dan órdenes, corrigen posiciones, claman contra el árbitro y, quizá sin pretenderlo, cargan a sus hijos con fardos imposibles de llevar.”

La presión paterna se palpa no sólo en el fútbol, sino también en otros deportes. Pepu Hernández, exseleccionador nacional de baloncesto y actual técnico del Joventut, narra “llegué a saber de uno (padre) que le daba la paga a su hija según los puntos que metía en el partido”.

Según Fernando Gimeno, profesor de Psicología del Deporte en la Universidad de Zaragoza. « los chicos buscan el reconocimiento de sus padres. En estas circunstancias, el mensaje de ‘yo quiero que seas el mejor y no puedes fallar’ resulta mucho más negativo que el de ‘esfuérzate, haz lo que puedas y disfruta’. Cuando un padre se obsesiona por que su hijo brille (y no solo en el deporte), eso suele acabar mal».

En el artículo citan un corto que os recomendamos ver con vuestros hijos e hijas,  se titula “Seis Contra Seis” . No os lo perdáis.

Tengo muy claro que siempre estamos educando y siempre somos modelos educativos, aunque nuestros hijos e hijas tengan 17 ó 27 años. El que los progenitores pierdan los papeles, insultando al árbitro, a las otras personas que compiten, y a las familias de éstas, no es nada educativo. Bueno, educar educa, ¿pero era eso lo que queríamos que aprendieran?.

A mí lo que me da ánimos, es que, según el artículo; los chavales y chavalas muchas veces dan buen ejemplo a sus familias. Materia prima tenemos. El tema ¿es cómo la trabajamos?

Lo Normal que es Discutir; lo Difícil que Resulta Hablar

Familia

Recibimos muchas llamadas en el 116.111 de chavales y chavalas adolescentes quejándose de que discuten mucho con sus padres y madres; diciendo que no les dejan hacer nada, que son unos pelmas… En la mayor parte de esos casos, solemos dar siempre la misma respuesta: es lo normal. Y es que lo es. Es normal que con 13 o 14 años se discuta con los padres, que haya broncas, que no se tengan las mismas opiniones, etcétera. Es ley de vida, es un comportamiento propio del desarrollo humano que, en general, a casi todas y todos nos ha pasado.

De hecho, una prueba de esta normalidad suele darse con el hecho de que son escasísimas las llamadas de adultos, de madres y padres, que llaman quejándose porque discuten mucho con sus hijos e hijas. Alguna ha habido pero, desgraciadamente, han sido en las que la situación se ha vuelto extrema y los chavales se han convertido en auténticos tiranos sobre sus padres. Pero hoy no vamos a hablar de esas casuísticas, si no que vamos a seguir en términos de normalidad. Para ello, volvamos a los chavales.

Así, después de devolverles que, en nuestra opinión, el hecho de que discutan con sus padres y madres es normal, lo segundo que les solemos decir es que, de alguna u otra manera, traten de hablar con ellos. Cuando se les orienta a ello, muchos chicos y chicas casi hasta se ríen; no visualizan esa posibilidad; no acaban viéndose sentados junto a sus padres hablando, tratando de solucionar los motivos de sus discusiones, intentando llegar a acuerdos…

Estas reacciones nos llevan a pensar lo importante que es practicar la comunicación familiar desde la infancia. Estamos seguros de que si existe un hábito de hablar las cosas, si hay establecido en la familia un tiempo al día para tratar las cosas que la afectan, incluyendo a todos los miembros de la misma, incluídos los hijos e hijas, desde que son pequeños y pequeñas, una vez lleguen a la adolescencia y discutan con los padres (que lo harán), muchos de estos chicos y chicas no se sentirán extrañados cuando un profesional le diga, al otro lado del teléfono, que traten de hablar con sus padres.

Y, evidentemente, esta práctica puede ser muy útil, tanto para chavales como para padres, no sólo en lo que respecta a las discusiones propias de la adolescencia; si existe la costumbre de hablar entre progenitores y descendencia, será muy fácil que se pueda encarar con muchas garantías de éxito conversaciones relacionadas con la sexualidad, las drogas, las emociones y otros muchos temas, pero de éso, ya, hablaremos otro día.

Obsolescencia Programada

Vaya con las palabrejas, mira que son difíciles, pero desde que emitieron el documental en una cadena de TV estatal, “Obsolescencia programada –  Comprar, tirar, comprar” nos las hemos aprendido y comprendido, porque, entre otras cosas, ponían nombre a una sospecha bastante generalizada.

Y lo que significa es que las cosas están hechas para que duren poco, de manera programada, a propósito, para que se estropeen o se pasen de moda y tengamos que comprar otras.

En dicho documental, la hija de un ingeniero nos contaba cómo su padre tuvo que investigar para hacer que los “pantys” que fabricaban duraran menos tiempo. Fijaos en que aquello en aquella época de escasez parecería un despropósito, pero ¿Y ahora, viendo como está el mundo de sobreexplotado? ¿Qué nos parece ahora que estamos tan acostumbrados a cambiar de modelito?

En esto también estamos educando. Desde Zeuk Esan 116111, propongo un ejercicio divertido en familia: visualizar el documental anteriormente aludido, ( Una hora de duración y merece la pena), o este otro “ La historia de las cosas” ( 24 minutos y también merece la pena) con nuestra familia. Dejad que fluyan las ideas según se va visualizando.

Permitid la libre expresión de vuestra chavalería, aseguraos de qué es lo que han entendido y preguntadles su opinión personal.

Enriqueced su horizonte con vuestras propias ideas, vuestras reflexiones y experiencias, pero dejadles que sean ellos y ellas quienes más participen y expongan. Será un buen ejercicio de comunicación en la familia. Es importante eludir toda posible discusión y bronca, queremos que hablen y conocerles, no discutir. Habremos pasado un grato momento en el que los estudios, la habitación sin recoger u otros escollos no surgen y sí quedará el poso de un buen momento vivido en común, en el que ellos y ellas son imoportantes y sus opiniones se escuchan.

Y de paso, aprendemos algo sobre el mundo en el que vivimos y por el que ellas y ellos también se tienen que responsabilizar.

Además, quedaréis de entendidos si les explicáis lo que es el Consumismo: Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios y el Consumerismo: consumo responsable, ético y solidario, que consiste en consumir con criterios responsables, teniendo en cuenta la historia de los productos que compramos y las repercusiones medioambientales y sociales de ese consumo).

¿Qué os parece la idea?. Disfrutadlo y ya nos iréis comentando.

¡¡¡Tengo un adolescente normal!!!

Me comentaba una madre que estaba preocupada por su hijo. (¿Qué raro que nos preocupemos por ellos!!).

El caso es que a ciertas edades, se dice que los hijos son muy desordenados y con un bajo nivel de autoexigencia. (¿Quién dice que eso sea así?).

Resulta que su hijo no entra en ese cliché y es un chaval ordenado…”en exceso” (decía su madre)… “sale tarde de casa con tal de dejar súper ordenada su habitación. No se va a la cama si no ha hecho todos los deberes aunque sea tarde…”.

La pregunta era si eso era normal o un problema raro, de esos psicológicos y muy graves….

Me imagino a tantísimos padres y madres leyendo estas líneas y llorando. ”¿Por qué mi hijo no es así?”

Quiero dejar claro, que a cada cual nos preocupa lo que tenemos en casa, por supuesto. Y que conocemos casos que debieran preocuparse y no lo hacen, también. Pero el común de los padres y madres estamos pendientes, a veces en exceso, de lo que les ocurre.

Otra punto que quiero aclarar es que en el libro de Psicología Evolutiva pone que “el primer diente sale a los seis meses”, pero todos sabemos que eso es orientativo, porque a cada cual le salen los dientes cuando cuadra, unos nacen con ellos, a otros les salen a los doce meses,…raramente justo el día en el que cumplen el medio año.

Con esto quiero decir que la mayoría de los jóvenes, se comportan a una edad… de una manera. Y eso es normal. Pero que otros menos, se comporten de otra manera…también es normal. Menos frecuente, pero normal.

No busquemos problemas donde no los hay.

Otra cosa sería si de lo que habláramos fuera de un comportamiento exagerado, no que a mí me lo parezca, sino que fuera una gran desadaptación y hubiera sufrimiento por parte de la persona que lo realiza…  entonces podríamos consultar, pedir ayuda para disminuir dicho sufrimiento.

Entiendo que nos preocupemos por nuestros hijos e hijas. Por ello, siempre que tengamos dudas, busquemos una persona cercana con quien podamos contrastar lo que pudiera ser problemático y lo que es nuestro propio temor. Hay que tomar distancia, salir de la situación y mirarla con otros ojos para poder relativizar o tomar cartas en el asunto.

Y recordad, que ante la duda siempre se pueden acudir a profesionales (como los de Zeuk Esan 116111) que nos ayuden a analizar la situación.

¡¡¡Y disfrutad de vuestras hijas e hijos!!!


Cómo Afrontar la Presión de un Grupo

Como seguro que muchas y muchos imagináis o sabéis, en el número de teléfono 116.111 que atendemos tenemos que aguantar, diariamente, un montón de bromas realizadas por los adolescentes. La mayor parte de esas vaciladas o tomaduras de pelo telefónicas, las realizan en grupo y, casi siempre, notamos como uno o dos llevan la voz cantante y proponen bromas cada vez más pesadas, cada vez más brutas. Luego están los que dicen que sí a todo y les ríen las gracias a los cabecillas y otros que se cortan más. Éso lo notamos porque, cuando les pasan el teléfono (“ahora te toca a ti tío, dile que…“) se niegan débilmente, como queriendo decir NO, pero sin fuerzas.

Cuando se dan este tipo de anécdotas, nos acordamos de muchas situaciones vividas: ”yo no quería, pero me obligaron”…, “es que no puedo decirles que no, igual dejan de ser mis amigos…”, o “da palo llevarles la contraria, no vaya a ser que piensen que soy un/a rajado/a…”.

Es normal, a ciertas edades, en las que la fuerza del carácter aún no está forjada, ceder y dejarse llevar por las personas que lideran el grupo. Pero es necesario aprender a decir NO, con asertividad, defender nuestros derechos sin pisar los de los demás. Aunque no parece tarea fácil la verdad es que es cuestión de práctica y cuando la primera vez te sale bien y dices un NO que se ve claro e irrevocable y te lo respetan, los demás son muchísimo más fáciles.

Por eso, hay varias técnicas que les ayudarán a ganar en seguridad.

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Coherencia educativa entre la pareja…¿se puede conseguir?

No es justo…papá siempre me deja ver la tele antes de hacer los deberes y tú nunca…”.

Esto es lo más leve que nos puede pasar si nuestros hijos, detectan falta de criterios educativos en la pareja. En realidad no es tan difícil como pensamos. Sólo se necesita tiempo para ponerse de acuerdo y una visión clara de lo que debe ser más importante para nosotros: nuestros hijos. Y es muy positivo, porque ganamos en paz, en tranquilidad en el hogar, con menos discusiones que socaven a la pareja. Trabajando en ello desde edades tempranas, sembraremos para el futuro.

Los hijos nos estudian, nos conocen y saben a quién y cuándo pedir ciertas cosas. Lo aprendieron desde pequeños, observándonos, interactuando con nosotros.

Se requiere pues una coherencia mínima de criterios y maneras de educar enla pareja. Deben percibir que aunque los padres somos diferentes, tenemos claro lo que queremos y exigimos por igual, porque intentamos educar por igual..

He aquí algunas posibilidades:

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Nos Divorciamos como Pareja, NO como Padres/Madres

Desde la puesta en marcha del teléfono 116.111 un alto porcentaje de las llamadas que nos hemos encontrado realizadas por personas adultas tienen que ver con la situación que viven unos menores en un contexto de separación o divorcio de sus padres. Quejas por parte de madres por el incumplimiento de las visitas, denuncias por parte de padres porque no pueden ver a sus hijos e hijas y un largo etcétera de casuísticas que afectan negativamente a la situación de los menores presentes en esa unidad familiar.

Obviamente, el divorcio o la separación no es plato de buen gusto para ninguna familia y más cuando hay menores de por medio. No deja de ser, en nuestra opinión, la constatación de un fracaso de un proyecto familiar o de pareja, pero, al mismo tiempo, muchas veces es preferible una separación que una mala convivencia perceptible por todos los miembros.

Dicho lo cual, hay una máxima que debe regir en este tipo de procesos siempre que hay hijos e hijas: el divorcio o la separación es sólo de los progenitores, es decir, madres y padres no dejamos de ser nunca. Desgraciadamente, ésto es algo que cuesta entender a muchas madres y padres inmersos en una situación de estas características, lo que acaba generando que, a menudo, se manipule a los y las menores y, en consecuencia, que éstos acaben sufriendo a partir de una situación en la que ellos y ellas no han tenido nada que ver.

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