Mantengamos la Calma

Mantener la calma. Sí, sabemos que este ejercicio en según qué circunstancias es complicado pero es importante tratar de ponerlo en práctica. Insistimos: sabemos que es difícil y más cuando se trata de temas o conflictos relacionados con nuestras hijas e hijos, pero si actuamos desde la inmediatez y el agobio podemos causar perjuicio, precisamente, a nuestras hijas e hijos o a terceras personas.

Desde Zeuk Esan, cuando una madre o un padre nos llama muy alterada, lo primero que tratamos es que mantenga la calma. Intentamos que esta persona se enfríe de forma que pueda reflexionar o pensar mejor. A veces lo conseguimos y otras no. A veces logramos que nos escuchen y lo que, en un principio, era una emergencia total, al final se acaba convirtiendo en una acción mucho más sosegada y pausada. Otras veces, no. En esos casos, la persona que llama quiere denunciar, quiere que se castigue a otro niño o niña, quiere que se expediente a una monitora, que se expulse a un profesor, que se multe a otro u otra adolescente… y no está dispuesta a escuchar alternativas.

Lo curioso es que, en muchos de esos casos, cuando a la persona alterada se le pregunta si ha intentado recabar más información al respecto de lo que, normalmente, le cuenta su hijo o hija, dice que no, dice que cree a pies juntillas lo que su vástago le cuenta. Y está bien, claro, tener confianza en lo que nos cuentan nuestras chicas y chicos pero cuando se trata de algo que, como decíamos antes, puede afectar a otras personas, hay que hacer el esfuerzo por ir un poco más allá.

Es importante, por tanto, que el amor que sentimos por ellos y ellas no nos ciegue. Por supuesto que les tenemos que defender pero eso no implica que debamos actuar precipitadamente porque si acabamos sacándoles la cara por algo en lo que ellos o ellas pueden haber sido responsables, educativamente les estamos enseñando que da igual lo que hagan, que siempre les defenderemos y, además, podemos estar siendo injustas e injustos con otra persona.

Dicho lo cual, insistimos: mantengamos la calma, tratemos de informarnos y no defendamos per sé todo lo que nos digan en un determinado momento o conflicto. Hacer ésto no significa que les queramos menos. A veces, es todo lo contrario.

Juguetes de Navidad: pensar antes de comprar

Ya estamos en campaña navideña. Desde los medios nos acosan con publicidad que nos sugiere las diferentes posibilidades que tenemos de hacer felices a nuestros seres queridos.
Muchas veces oigo que la publicidad no nos influye y que tenemos criterio propio para decidir.
La publicidad va dirigida principalmente a quienes no tienen ese criterio madurado, para convencerles de lo que necesitan para ser felices. Para seducirles con el producto, fidelizarles a la marca y de paso, introducir y extender una serie de roles y estereotipos sociales y sexistas que muchas personas a estas alturas creen están superados.
Craso error, porque al pensar que eso ya está superado, quizá no prestemos tanta atención a las señales y a las intenciones.
Este vídeo de seis minutos, “Gabonetako jostailuak: pentsatu erosi aurretik!” , nos invita a pensar y a darnos cuenta de cómo se trabajan los roles sexistas, de cómo se marcan las diferencias desde la más tierna infancia, que es cuando más se interiorizan y quedan más firmemente asentadas. Incluso en las sugerencias finales que nos hacen en los catálogos como si fueran expertos, se ven claramente cómo sesgan dichas sugerencias y marcan las diferencias.

Diversas investigaciones han comprobado que existe más similitud que diferencias entre ambos sexos en cuanto a la elección de los juguetes. Esto entra en contradicción con algunos axiomas existentes históricamente en esta problemática del juego infantil: que los varones gustan más del juego activo y organizado, que las niñas prefieren los de carácter pasivo, de naturaleza generalmente sedentaria, y que estas diferencias son más notables alrededor de los 8-10 años de edad. Si bien es cierto que existen diferencias morfológicas entre los niños y las niñas, estos se relacionan mucho con el tipo de interrelación que sea habitual en el juego, y con los patrones culturales en determinada comunidad educativa.
Cuando los niños y las niñas tienen iguales oportunidades de acceso a los diferentes juegos y juguetes, y no existen a su alrededor criterios y acciones de los adultos, prohibiendo o permitiendo uno u otro tipo de juegos, se observa que niños y niñas seleccionan generalmente los mismos juguetes en las edades más tempranas, y que solo a partir de la edad preescolar, básicamente por el reforzamiento educativo y social es que comienzan a observarse mayores diferencias.
Estamos muy condicionados en una falsa sensación de modernidad, como si las desigualdades y el sexismo fueran del pasado. Los catálogos de juguetes, los anuncios… transmiten esa cultura sexista tóxica.
Una idea:  podríamos ir con nuestros/as hijos/as a investigar en tiendas especializadas fuera del mercado habitual publicitario. ¿Qué os parece? ¿Conocéis alguna?

Hijos/as testigos de la relación conyugal

La familia es una red de afectos en la que se teje el vínculo entre sus miembros. Ese vínculo irá cogiendo cuerpo en el transcurso de los momentos cotidianos y se configurará sobre la base de la calidez y calidad de los momentos vividos.

A menudo escuchamos aquello de “qué suerte habéis tenido con vuestra hija”, o bien su contrario, tal como: “que mala suerte han tenido esos pobres padres con lo buena gente que son y el hijo tan despendolado que le ha salido”. Pues bien: es cierto que la persona se va conformando no sólo bajo la influencia del padre y/o la madre, pues hay indudables factores de importancia en la configuración del carácter, tales como la disposición genética, las amistades u la presencia de adultos resilientes, en el itinerario vital de los chicos y chicas. No obstante, si bien estos factores pueden funcionar en beneficio o perjuicio en la educación de los más jóvenes, cabe pensar que lo harán de una forma menos contundente que el influjo ejercido por la familia.

El vínculo que un/a niño/a asimila por vía de su p/madre crea la base de su experiencia afectiva, sobre la cual se sumarán el resto de experiencias posteriores. Es por ello que el clima que se viva en casa será determinante por ser el sustento sobre la que se apoya lo que está por venir. Esto funciona para bien como para mal. Quiero decir que el afecto, la capacidad de escucha, el diálogo como forma de estar y como manera para buscar soluciones ante problemas que surjan, la capacidad de hacer planes conjuntos, etc, revertirán de forma positiva en el carácter del hijo o de la hija. Por el contrario, las malas manera, el desorden conviencial y la falta de sintonía y de respeto, también ejercerán su impronta, pero en la dirección equivocada.

Una de las cuestiones a tener en cuenta en la educación de nuestros/as hijos/as es la relativa a cómo tratamos a nuestra pareja, siempre que haya pareja, claro. A veces pensamos que educar es intervenir directamente ante el/la hijo/a. pero nos olvidamos que también educamos cuando los/as adultos/as nos relacionamos entre nosotros/as: papa y mama o mama y mama o papa y papa.

Los hijos/as son testigos absorbedores de todo lo que ocurre a su alrededor, aunque a veces pensamos inocentemente que “no se enteran” (en el caso de los más peques). ¡Cómo que no! Se quedan con todo. Y las buenas maneras les hacen más seguros/as de si, así como dubitativos o ansiosos las malas. Eso hay que tenerlo clarito.

Dicen que los niños de ahora no son como los de antes

He leído en “los papeles” que un 60% de las compras de los hogares españoles están destinadas a nuestros hijos e hijas.

Si todos van al ritmo de los míos, no me extraña, porque les crecen los pies y no hay manera de aprovechar el calzado de un año para otro. Pero recuerdo que el artículo no se ceñía a los gastos de cubrir las necesidades básicas, sino a los de “  bueeeeno, ya te lo compro”, o “pero si no lo necesitas, ya tienes uno…bueeeeno, ya te lo compro”.

El Instituto Tecnológico del Juguete (AIJU) presentó un trabajo ( julio 2010) “The Now Generation: Caracterización, datos y perfiles sociales infantiles”, en el que hablan de “la generación del ahora” y la definen como superconsumidora.

Esto me recuerda que hace ya muchos años vi un reportaje que hablaba de que las firmas comerciales se han dado cuenta del filón que tienen en la juventud, que necesita el último modelo, (antes lo llamábamos “ el último grito”) y aparecieron las figuras de los cazatendencias: salir a la calle, ver lo que hace una minoría y venderlo como guay, lo último, lo trasgresor, lo que te diferencia…y que al final todo el mundo tiene: las mismas deportivas, el mismo corte de pelo, con lo cual,  se quema esa tendencia pero no hay problema, porque ya hay otra preparada que viene a ocupar su lugar.

Y esto, lo que significa es que hablamos de millones y millones de dineros, salidas de los bolsillos de unos, para pagar los ¿caprichos/necesidades? de otro grupo, que no tiene dinero, pero que abre la boca y pide como aquellos pajarillos en el nido que abrían sus inmensos picos amarillos.

Decimos que nuestra juventud es despilfarradora, caprichosa y consumista, pero sigo pensando que no nacemos, sino que en gran parte, nos hacemos.

Exigimos a la industria productos que ayuden a los niños a mejorar su calidad de vida, que les ayuden a estar más activos, más saludables y relajados, que les diviertan y que de forma simultánea les permitan mejorar su autoestima y les ayude a concienciarse con el entorno, pero además nosotros (padres y madres) ¿qué hacemos para aprovechar esas herramientas educativas? ¿Cómo las utilizamos? ¿Cómo las rentabilizamos? ¿Estamos atentos a lo que influyen las nuevas tecnologías en el desarrollo de los menores y en la poder que tienen éstos para tomar decisiones de compra en los hogares?.

Con esta crisis, las condiciones económicas de las familias cada vez son más difíciles, y sin embargo parece que se promueven las compras frecuentes de caprichos de usar y tirar.

En fin, igual me lío un poco, pero no dejo de pensar en la situación paradójica entre lo que exigimos y lo que compramos, entre lo que nos quejamos que hacen y en lo que enseñamos a hacer.

Empatizando con las Madres/Padres de las/os “Culpables”

El pasado viernes Noruega fue sacudida por un terrible atentado que dejó un importante número de víctimas. Un drama al que el pais nórdico no está acostumbrado y que ha causado una importante conmoción entre su ciudadanía. Cuando suceden hechos de este tipo, nos acordamos lógicamente, de las personas muertas y sus familias. Nos solidarizamos, les mostramos nuestra afección y, en la mayoría de las ocasiones, empatizamos con ellas. Pero también en estos momentos deberíamos acordarnos de la familia del responsable de esta atrocidad. En los pasados días, algunos medios sí han recogido la reacción del padre del autor de la masacre de Oslo y de la Isla de Utoya. Este señor ha declarado que desearía que su hijo “se hubiera suicidado antes de matar“.

Todo ello, nos ha llevado a reflexionar en Zeuk Esan hacia la figura de las madres y los padres cuando sus vástagos acometen acciones negativas. Evidentemente, el caso de Noruega es extremo, pero en la vida cotidiana se dan muchas situaciones en las que las madres y padres sufren en sus propias carnes las consecuencias de los actos de sus hijas e hijos.

Por ejemplo, cuando un o una adolescente comete un robo, un delito,  agrede a otra o a otro, cuando llaman desde urgencias alertando de un coma etílico, etcétera… las madres y padres reciben un shock importante. En ese momento, pueden pasar muchas cosas por la cabeza y, en muchos casos, pueden llegar a sentir un sentimiento de responsabilidad como causantes indirectos de lo que ha sucedido. Es muy común el pensar en el “si no le hubiera dejado ir“, reflexionar acerca de la pregunta típica del “en qué hemos fallado“, etc…

En la mayor parte de los casos, a pesar del estupor inicial, la secuencia de los acontecimientos vira, nuevamente, hacia la protección de los hijos e hijas. Es decir, aunque lo que él o ella haya hecho sea grave, se tiende a defenderlos. Es lógico. Y, en los casos que no sean excesivamente graves, es aconsejable recogerles porque, a no ser que haya algún tipo de dolencia mental de por medio, ellos o ellas, sabedores de su responsabilidad, también se sentirán culpables.

Obviamente, una vez dado el paso de decirles de alguna manera que, a pesar de lo que has hecho, estamos aquí, sería conveniente, sobre todo en el caso de los menores o adolescentes, hacerles ver mediante alguna consecuencia acordada entre los progenitores (castigo, etc…), que efectivamente se han sentido apenados, tristes, enfadados por lo sucedido. Es importante para reforzar el aprendizaje educativo que, también en estos casos, se da.

Como comentábamos, estas pautas son aplicables ante los episodios ordinarios que pueden suceder en el seno de casi cualquier familia. Sin embargo, el ejemplo con el que hemos comenzado este post es tan extraordinario que no sabríamos decir si nuestra reacción sería como la del padre del asesino confeso noruego.

Aprovechamos este texto para recordar que el servicio Zeuk Esan está abierto también a madres y padres con dudas, preocupaciones o pregunta relacionadas con menores de edad, sea sobre un tema parecido al de esta entrada o sobre cualquier otro.

¡¡¡Tengo un adolescente normal!!!

Me lo comentaba una madre que estaba preocupada por su hijo. (¿Qué raro que nos preocupemos por ellos!!).

El caso es que a ciertas edades, se dice que los hijos son muy desordenados y con un bajo nivel de autoexigencia. (¿Quién dice que eso sea así?).

Resulta que su hijo no entra en ese cliché y es un chaval ordenado…”en exceso” (decía su madre)… “sale tarde de casa con tal de dejar súper ordenada su habitación. No se va a la cama si no ha hecho todos los deberes aunque sea tarde…”.

La pregunta era si eso era normal o un problema raro, de esos psicológicos y muy graves….

Me imagino a tantísimos padres y madres leyendo estas líneas y llorando. ”¿Por qué mi hijo no tiene ese problema en lugar de los que tiene?”

Quiero dejar claro, que a cada cual nos preocupa lo que tenemos en casa, por supuesto. Y que conocemos p/madre que debieran preocuparse y no lo hacen, también. Pero el común de los padres y madres estamos pendientes, a veces en exceso, de lo que les ocurre.

Otra punto que quiero aclarar es que en cualquier  libro de Psicología Evolutiva pondrá que “el primer diente sale a los seis meses”, pero todos sabemos que es orientativo, porque a cada cual le salen los dientes cuando cuadra: unos nacen con ellos, a otros a los doce,…raramente justo el día en el que cumplen el medio año.

Con esto quiero decir que la mayoría de los jóvenes, se comportan a una edad….de una manera. Y eso es normal. Pero que otros menos, se comporten de otra manera…también es normal. Menos frecuente, pero normal.

No busquemos problemas donde no los hay.

Otra cosa sería si de lo que habláramos fuera de un comportamiento exagerado, no que a mí me lo parezca, sino que fuera una gran desadaptación y hubiera sufrimiento por parte de la persona que lo realiza…; entonces podríamos consultar, pedir ayuda para disminuir dicho sufrimiento.

Entiendo que nos preocupemos por nuestros hijos e hijas. Por ello, siempre que tengamos dudas, busquemos una persona cercana con quien podamos contrastar lo que pudiera ser problemático y lo que es nuestro propio temor. Hay que tomar distancia, salir de la situación y mirarla con otros ojos para poder relativizar o tomar cartas en el asunto.

Y recordad, que ante la duda siempre se pueden acudir a profesionales (como los de Zeuk Esan 116111) que nos ayuden a analizar la situación.

¡¡¡Y disfrutad de vuestras hijas e hijos!!!

Yo No Soy Racista, pero…

Pareja mixta– Yo no soy racista. A mí me da igual el color de la piel de otras personas, pero estoy preocupada porque mi hija de 15 años se ha liado con un chico de color, que vive en un centro de menores y es musulmán. Y mi hija ha empezado a dejar de comer cerdo y ha dejado de salir con sus amigas y en casa estamos muy preocupados porque vemos que la niña está cambiando y les llamaba para ver si ustedes pueden hacer algo…

– ¿Y qué quiere que hagamos nosotros, señora?

– Pues no sé… Traten de hablar con ella para ver si la convencen o, a lo mejor, ustedes pueden hablar con los responsables del centro al que acude ese chico y hacerle ver que, por su comportamiento, está influyendo negativamente a nuestra hija… No sé, el caso es que nosotros queremos lo mejor para nuestra chiquilla…

– ¿Y ustedes han tratado de hablar con ella?

– Sí, pero cada vez que tocamos ese tema, se pone a la defensiva y se enfada y…

– ¿Y ustedes han tratado de hablar con las personas responsables del centro al que acude el chaval con el que sale su hija?

– Sí y la Educadora que nos ha atendido nos ha dicho que es un chaval muy majo y muy responsable, pero nosotros le hemos dicho los cambios que hemos notado en nuestra hija y parece que esta chica se lo ha tomado a mal y se ha negado a darnos más detalles sobre este chaval y…

– Hombre, es normal, ¿no?

– Sí, no lo sé… Pero vaya, ¿qué cree usted que podemos hacer?

– De momento, lo que se me ocurre es que ustedes deberían darle una oportunidad a ese chico o, al menos, no ser tan fiscalizadores con su hija en relación a ese noviazgo. Yo entiendo la preocupación que usted tiene ante los cambios que está viviendo su hija. Si ustedes cambian su actitud a la hora de hablar de este tema con ella, posiblemente les empiece a escuchar y, entonces, sí podrán hacerle ver que les sorprende los cambios que está viviendo.

– Pero, ¿cómo se hace éso?

– Pues demostrándole a su hija que entienden lo que siente, no hablar de su relación siempre desde un punto de vista negativo, no culpabilizándola… Además, a usted que le preocupa, ¿que su hija tenga novio o que ese novio sea negro? Porque, a lo mejor, si su chavala ve esa actitud en usted, en el futuro le va a costar presentarle a otras parejas que tenga… Piense también que su hija, con 15 años, es decir, siendo adolescente, va a vivir esta relación como si fuera el único y verdadero amor y si ve que ustedes están en contra por la raza o por el nivel socioeconómico, pues aún puede que pelee mucho más por defender ese amor…

– Bueno, pues intentaremos hacer lo que usted nos dice, pero no sé… Gracias.

¿Por qué es tan Importante pedir Perdón?

En una reunión de padres y madres de niños pequeños, comentaban que no había que pedir perdón a sus hijos e hijas. Pensaban que hacerlo les restaría autoridad y daría mal ejemplo, porque demostraría inseguridad y/o debilidad.

Nada más lejos de la realidad y los que ya tenéis a vuestras hijas e hijos crecidos, ya sabéis lo importante que son las muestras de respeto básicas en la familia, porque la línea es muy frágil, sobre todo cuando la confianza y la hormona están tan predispuestas a inflamarse.Para el día a día en el hogar es necesaria la calma, que la bronca y el conflicto llegan solas de la mano del roce y del choque de intereses.
Paso a explicaros los motivos que me llevan a pensar que pedir perdón es muy importante:
▪ Nuestros hijos e hijas, aprenden que no tienen por qué tener siempre razón y que, se puede estar equivocado y seguir siendo buenas personas.
▪ Aprenden que hay que admitir un error antes de poder corregirlo, y que corregir errores es importante.
▪ Descubren que pedir disculpas es difícil, y que hay que ser fuerte para hacerlo.
▪ Ven una muestra de sinceridad, que tal vez no vean en otra parte.
▪ Aprenden que una buena familia repara los malos sentimientos que se producen entre sus miembros.
▪ Aprenden la virtud de perdonar a los demás cuando pierden temporalmente el control.
▪ Aprenden que la disculpa es una forma de reconocer que otra persona es digna de respeto.
En resumen, pedir perdón enseña a respetar a los demás, lo cual nos lleva directamente a respetarnos a nostros mismos.