¡Cuidado! ¡¡Adultos Irresponsables tomando decisiones absurdas!!

voleibol

Hay situaciones en las que a una madre o a un padre les cuesta entender las actitudes o respuestas que algunos adultos ofrecen a sus a sus hijos/as menores de edad. Este comentario  viene a cuento de una llamada que hemos recibido no hace mucho en nuestro teléfono 116.111 y que cambiando algunos datos, vino a ser algo así:

Unos padres nos cuentan que su hija de 17 años ha abandonado el club de voleibol de su pueblo para ingresar en otro de mejor categoría dado que a la chavala se le da bastante bien este deporte. El caso es que la decisión de cambiar de equipo ha molestado al club de origen, algo que, digamos, puede tener cierto sentido o lógica. Lo que ya no lo tiene tanto es el hecho de que, como fruto de dicho “enfado”, se perjudique a otra menor. Y es que esta chica de 17 tiene una hermana de 12, apasionada también de este deporte, la cual este mismo curso escolar  entraría a formar parte del equipo que acababa de abandonar la mayor. Pero la sorpresa ha llegado cuando el club no le ha dejado inscribirse, según refieren los padres, como represalia por la salida de la hija mayor. Como es lógico, esta decisión ha molestado a la familia entera pero especialmente a la chavala pequeña.

Y claro, la pregunta que nos hacemos en el servicio es:

¿Qué culpa tiene la pequeña adolescente de que su hermana salga del equipo?

¿Han pensado las personas responsables del club el daño que pueden hacer a la pequeña?

Desde Zeuk Esan se les ha orientado a estos padres, lógicamente, a que busquen explicaciones y las razones de esta decisión y en el caso de que no se las den, o los argumentos no sean aceptables, exijan responsabilidades a organismos superiores (Ayuntamiento si el equipo recibe ayudas o subvenciones municipales o, si es necesario, acudir al Ararteko) Combinar todo ello con un apoyo y un arrope a la menor perjudicada (a las dos chavalas, de hecho) y la búsqueda, si es posible y llegado el caso, de un club de voleibol alternativo.

Una situación curiosa y bastante diferente a lo que solemos atender en Zeuk Esan y  que esperamos sirva para hacer reflexionar a personas adultas en cargos responsables sobre el valor de sus actitudes y las consecuencias de las mismas.

En definitiva, la empatía y la capacidad de dialogo se reivindican con claridad en estos casos.

Algunos consejos para no perder los papeles

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Septiembre. Muchas madres y padres vuelven al trabajo después de las vacaciones estivales. Las hijas e hijos de éstos aún no tienen clase. Se da el caldo de cultivo perfecto para que uno de esos primeros días laborables del recién estrenado mes la ama o el aita se cojan un tremendo enfado al volver a casa porque han tenido un mal día en el curro y además su chico o su chica no sólo no ha hecho nada en casa si no que, para más inri, la tiene patas arriba. ¿Qué ocurre? Pues que el progenitor o progenitora pierde el control, pega cuatro gritos y puede que, encima, luego se acabe arrepintiendo. Y además de ello, ¿ha servido para algo? Queremos decir que, más allá de descargar frustración, ¿el chaval o chavala habrá aprendido algo?

Con todo, dado que, como hemos dicho, llegan fechas en las que es muy posible que se de una situación como la descrita en el párrafo anterior, dejamos aquí una serie de pautas que quizá puedan venir bien para precisamente eso, no perder el control o mantener la calma:

– Ser conscientes de que estamos muy enfadados y tomar la decisión de no reaccionar, de no dejarnos llevar por esa ira que nos invade.
– Recuperar la serenidad, para ello puede sernos útil irnos de la estancia, esperar cerrando los ojos o apartar la mirada, contar hasta 10, etc, de tal manera que tengamos el espacio y el tiempo que necesitamos para recuperar la serenidad.
– Cuando nos hayamos calmado utilizar frases que describan los hechos, dejando de lado las descalificaciones y las acusaciones.
– Recurrir al buen humor es una herramienta poderosísima para suavizar el ambiente, desdramatizar los hechos y volver a la calma.
– Situar en el presente lo que ha sucedido sin añadirle etiquetas adicionales del tipo… “eres un desastre”, “holgazán”, “siempre ….”, “así no llegarás a ningún lado”, “nunca haces …”etc…
– Escribir una nota o una pequeña carta en la que le describamos lo que ha sucedido, cómo nos hemos sentido y lo que necesitaríamos hacer nosotros o que él hiciera para solucionar el conflicto.
– En caso de haber perdido los estribos, pedir perdón o demostrar que sentimos lo sucedido.

Estos son sólo algunos consejos a poner en práctica pero seguro que vosotras y vosotros tenéis otros que usáis en este tipo de situaciones… ¿Nos los contáis?

El muchacho y la mar

Aquel señor de traje diario decidió pasar unos días de merecido descanso en un pueblo costero. Quería huir del ruido de los coches, de los horarios agobiantes y de las prisas sin sentido.

Una vez llegó a su destino, aparcó el BMW en el puerto, se desabrochó el nudo de la corbata de seda y puso pie en tierra firme. Al caminar en dirección del apartamento con vistas que había alquilado, sintió por vez primera el chasquido metálico de sus zapatos de ejecutivo sobre el piso. Dió rápido con el portal. La puerta estaba abierta y la expectativa de un segundo sin ascensor, le hizo resoplar de fastidio.Se sentía cansado y abatido. Las amplias vistas al mar, lejos de calmar su zozobra le sumergieron en un sentimiento de vació y melancolía. Se rehizo más por voluntad que por deseo y decidió desprenderse del absurdo traje. Una camiseta y unas alpargatas podrían valer para sentirse a tono con el lugar y dar un paseo hasta la playa. Sin embargo, la sensación de amargura se hacia más pesada y el cambio de indumentaria no conseguía evitar el repentino y creciente sin sentido que le poseía.

Perplejo y pensativo, sin apenas ser consciente del tiempo transcurrido y el largo terreno andado, había llegado hasta la misma entrada de la playa, en la que a lo lejos vio una figura que se movía de manera extraña, como si estuviera bailando. Al acercarse comprobó que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra

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vez al mar.

El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo. Este le contestó:

“Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar. La marea ha bajado demasiado y muchas morirán”.

Dijo entonces el hombre:

” Pero esto que haces no tiene sentido; primero es tu destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa. Nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”

El joven miró fijamente al hombre, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó :

” Para ésta… sí tiene sentido!!!”.

El señor se marchó un tanto desconcertado; no podía explicarse una conducta así. Esa noche no durmió bien, soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas. A la mañana siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas.

Adolescentes

Tribus adolescentes
Tribus adolescentes

 

¿Quién son los/as adolescentes?
Ni niños/as ni personas adultas en medio de una nada confusa y ambigua. La edad de inicio estaría alrededor de 9-12 años, variando según el/la niño/a y el sexo. Y suele durar alrededor de 10 años, también en función de la sociedad en que se encuentre. Por ejemplo en algunas tribus, el paso de la infancia al adulto se hace de golpe, no hay un período de paso como el de adolescencia.

¿Los/as adolescentes son conflictivos?
Tal vez sí, pero también es cierto que estudios muy recientes contradicen la idea de que la tensión y el malestar psíquico sean una parte normal y necesaria de la adolescencia. No tendría que ocurrir que los adolescentes, por el hecho de serlo, sean conflictivos. Los/as adolescentes que atraviesan por conflictos serios y crisis de identidad, necesitan ayuda por estos problemas, no por pasar por un período de crecimiento determinado. Como período de crecimiento es diferente a otro.

¿Adolescentes, rebeldes o amigos?
Es un poco como una caricatura de la adolescencia: un grupo de amigos/as inconformistas y que se rebelan contra casi todo.

El/la adolescente, que ya no es un niño ni una niña, va construyendo poco a poco lo que al final será un adulto, con una identidad propia y formada y la necesaria autonomía personal. Para llegar a esto, los jóvenes empiezan a pensar en criterios propios, a ensayar conductas diferentes y a querer hacerlas valer delante de la familia. Los padres y madres empiezan a tener miedo del ansia de libertad de estos hijos e hijas, de sus discrepancias, de los enfrentamientos casi diarios, de la oposición sistemática.

No son unos niños pero los padres siguen estando preocupados por ellos como antes, cuando eran unos niños. La obediencia que el hijo tenía cuando era niño ahora es imposible y le resulta a él mismo molesta e insoportable. La niña a la que le gustaba ir con los padres ahora quiere ir con su grupo de amigos. Y los padres pueden no entenderlo a la primera, porque es difícil para las madres y padres percatarse que las hijas e hijos se hacen mayores.
Y de aquí que empiecen las disputas familiares, donde el adolescente estirará hacia fuera y la familia hacia adentro. Él, queriendo defender el que piensa que son sus derechos y los padres queriendo imponer su autoridad.

¿Es negativa esta rebeldía de los adolescentes?
Habría que preguntarse antes que nada qué personas queremos que sean nuestros hijos/as de adultos: unas personas que digan sí a todo, que no sepan defender sus intereses, que sean sumisas en sus relaciones interpersonales, o unos adultos que sepan defender sus opiniones y que digan lo que quieren y sienten e intenten conseguir lo que desean? Las madres y padres estamos ayudando a los nuestros hijos a crecer, y crecer quiere decir hacerse personas adultas.

Es por eso que si los/as adolescentes están aprendiendo a ser adultos, es normal que vayan ensayando conductas de adulto, de autonomía y de independencia, en una actitud alejada del conformismo. Serán inconformistas y rebeldes e irán aprendiendo a ser mayores.

Un/a joven incapaz de dar la cara ante nadie, de defender lo que piensa, de hacer valer sus derechos, supone un problema más grave que un/a joven inconformista y rebelde. Los padres debemos saber discernir entre aquellas conductas infantiles de aquellas otros de inconformismo adolescente. Y sus actitudes agresivas, insolentes y descaradas no deberíamos tomarlas como ofensas imperdonables, sino como errores en su sistema de aprender a ser adultos en libertad.

A veces los padres toman mal estas actitudes, porque sus hijos e hijas adolescentes les hacen ver las contradicciones entre lo que los mismos padres dicen que hay que hacer y el que ellos hacen. Porque en estas edades también son idealistas y desinteresados, siendo un buen momento por iniciar actividades solidarías, de ayuda o acodamiento a actividades sociales. Continuar leyendo “Adolescentes”

¿Coméis en familia al menos cinco veces a la semana?

Hay días dónde nuestros niños y niñas tal vez no lean, puede incluso que no usen el álgebra más de una vez al día, y que en todo su día no escriban y no pongan de manifiesto las reglas ortográficas. Pero lo que si hacen todos los días es: COMER!!!!

¡¡¡¡Eso sí, que debiera ser importante en la experiencia educativa de nuestros hijos/hijas!!!: una buena educación continua sobre alimentación y hábitos saludables.

¿Y qué está pasando? ¿Por qué hemos pasado de alimentarles a demanda en sus primeros meses, a ir introduciendo poco a poco los alimentos, a merendar bollería industrial y zumos envasados, ver la fruta de lejos, e incluso a permitir que nuestros adolescentes tomen de hamaiketako palmeras de chocolate o gusanitos?

Parece que el seguimiento y control de los hábitos alimentarios, están condicionados por la ausencia de los padres del domicilio durante buena parte del día, como por la fuerte presión hacia una dieta vinculada a las prisas. Pero la verdad es que debiéramos tanto desde casa como desde los centros educativos tener la obligación, dado que es nuestra responsabilidad, de educarlos de manera continua en unos hábitos saludables.

En este enlace recordamos lo que no podemos olvidar. Del mismo modo, os animamos a que os reservéis 1:23 minutos para disfrutar del documental “Más allá del peso” donde se pone de relieve de una manera muy impactante la importancia de una alimentación saludable. Lo podéis ver más arriba dándole al ‘Play’.

También os animamos a que os preguntéis si coméis en familia al menos cinco veces a la semana. Si la respuesta es que no, habrá que pensar en revisar vuestro modelo, ¿no?

EL BIENESTAR DE LOS HIJOS/AS ANTE LA SEPARACIÓN DE SUS PADRES Y/O MADRES

La composición de los hogares familiares con hijos/as, está cambiando rápidamente con el aumento de las rupturas de pareja. Este cambio afecta tanto a la estructura familiar como a las relaciones entre sus miembros.

Teniendo en cuenta que la familia es el contexto inmediato y el sistema de apoyo principal de los/as hijos/as, las rupturas de pareja suponen una transición difícil para los/as más jóvenes. La inestabilidad creada por la ruptura, puede generar un desequilibrio emocional y sentimientos intensos, en estos/as, con posibles tasas altas de ansiedad, dificultades interpersonales etc.

Pero el grado de malestar de los hijos e hijas depende de factores diversos. Por un lado, la adaptación del padre y/o la madre ante la nueva situación familiar y personal. Por otro, el apoyo de fuentes externas, como pueden ser los familiares y amigos. Y por último, la relación entre ambos congéneres. Además, la continuidad del conflicto después de la ruptura, puede incrementar la hostilidad en las relaciones, agravando aún más la situación de los/as más jóvenes de la casa, ya que la prolongación del conflicto en el tiempo, puede dificultar el buen desarrollo psicológico, físico y escolar de estos/as chicos/as.

Con todo ello, no nos debemos de alarmar y si buscar la forma de afrontar la situación más adecuada para el bienestar de hijos e hijas. Este afrontamiento supone:

  1.  Mantener una comunicación estable y segura entre los hijos/as con el padre o la madre. Asimismo, buscar un entendimiento adecuado entre la madre y el padre.
  2.  Reorganizar las responsabilidades de los adultos con respecto a sus hijos/as, teniendo en cuenta el bienestar de estos/as.
  3.  Promover la adaptación y la autoestima de los miembros de la familia.
  4.  Mantener los vínculos de coherencia y la unidad familiar.
  5.  Proporcionar apoyos necesarios y seguros a los hijos e hijas.
  6.  Mantener y desarrollar el apoyo social.
  7. Controlar el impacto de la situación para evitar la repercusión negativa en los/as  hijos/as.

En conclusión, se basaría en facilitar una buena adaptación a la nueva situación familiar teniendo en cuenta en todo momento el bienestar de los/as hijos/as.

Cómo perder la autoridad ante los hijos e hijas

En Zeuk Esan, con cierta frecuencia tenemos llamadas de padres y madres que no saben qué hacer con sus hijos e hijas, porque se saltan las normas, no cumplen con sus responsabilidades, exigen respeto y no aceptan sus indicaciones….

Cuando llega la adolescencia, los comportamientos cambian. Los menores entran en crisis y tienen que salir de ella convertidos en adultos autosuficientes, preparados para vivir por su cuenta.

Y esa es la responsabilidad que tenemos los progenitores: cuidarles, y cubrir sus necesidades básicas, incluidas las afectivas, para que el día de mañana puedan ser adultos independientes y autosuficientes. Y de esa responsabilidad emana la autoridad que padres y madres deben ejercer.

Pero nunca debemos confundir proteger y cubrir necesidades, con sobreproteger y dejar hacer a la otra persona su santísima voluntad, reírle todas las gracias y permitir que transgreda todos los límites, porque luego en ese cambio de la adolescencia podrían volverse incontrolables. La pregunta a veces es “¿Cómo hemos podido llegar a esto, yo que di todo lo que me pidió y jamás le faltó?
Hoy he leído la noticia que me ha traído a estas líneas: “Una madre agrede a una profesora delante de la clase de su hijo”.
Como progenitores, perdemos autoridad con esas exhibiciones de violencia, porque son públicas y porque es violencia, pero además, restamos autoridad al profesorado que además de educar, es figura de autoridad, referente para los menores. Si  los desvalorizamos de esa manera estamos plantando las semillas de esa adolescencia que no respeta y se salta los límites…, que es lo que ha visto hacer a sus mayores. En fin, una pena.

Mantengamos la Calma

Mantener la calma. Sí, sabemos que este ejercicio en según qué circunstancias es complicado pero es importante tratar de ponerlo en práctica. Insistimos: sabemos que es difícil y más cuando se trata de temas o conflictos relacionados con nuestras hijas e hijos, pero si actuamos desde la inmediatez y el agobio podemos causar perjuicio, precisamente, a nuestras hijas e hijos o a terceras personas.

Desde Zeuk Esan, cuando una madre o un padre nos llama muy alterada, lo primero que tratamos es que mantenga la calma. Intentamos que esta persona se enfríe de forma que pueda reflexionar o pensar mejor. A veces lo conseguimos y otras no. A veces logramos que nos escuchen y lo que, en un principio, era una emergencia total, al final se acaba convirtiendo en una acción mucho más sosegada y pausada. Otras veces, no. En esos casos, la persona que llama quiere denunciar, quiere que se castigue a otro niño o niña, quiere que se expediente a una monitora, que se expulse a un profesor, que se multe a otro u otra adolescente… y no está dispuesta a escuchar alternativas.

Lo curioso es que, en muchos de esos casos, cuando a la persona alterada se le pregunta si ha intentado recabar más información al respecto de lo que, normalmente, le cuenta su hijo o hija, dice que no, dice que cree a pies juntillas lo que su vástago le cuenta. Y está bien, claro, tener confianza en lo que nos cuentan nuestras chicas y chicos pero cuando se trata de algo que, como decíamos antes, puede afectar a otras personas, hay que hacer el esfuerzo por ir un poco más allá.

Es importante, por tanto, que el amor que sentimos por ellos y ellas no nos ciegue. Por supuesto que les tenemos que defender pero eso no implica que debamos actuar precipitadamente porque si acabamos sacándoles la cara por algo en lo que ellos o ellas pueden haber sido responsables, educativamente les estamos enseñando que da igual lo que hagan, que siempre les defenderemos y, además, podemos estar siendo injustas e injustos con otra persona.

Dicho lo cual, insistimos: mantengamos la calma, tratemos de informarnos y no defendamos per sé todo lo que nos digan en un determinado momento o conflicto. Hacer ésto no significa que les queramos menos. A veces, es todo lo contrario.

Juguetes de Navidad: pensar antes de comprar

Ya estamos en campaña navideña. Desde los medios nos acosan con publicidad que nos sugiere las diferentes posibilidades que tenemos de hacer felices a nuestros seres queridos.
Muchas veces oigo que la publicidad no nos influye y que tenemos criterio propio para decidir.
La publicidad va dirigida principalmente a quienes no tienen ese criterio madurado, para convencerles de lo que necesitan para ser felices. Para seducirles con el producto, fidelizarles a la marca y de paso, introducir y extender una serie de roles y estereotipos sociales y sexistas que muchas personas a estas alturas creen están superados.
Craso error, porque al pensar que eso ya está superado, quizá no prestemos tanta atención a las señales y a las intenciones.
Este vídeo de seis minutos, “Gabonetako jostailuak: pentsatu erosi aurretik!” , nos invita a pensar y a darnos cuenta de cómo se trabajan los roles sexistas, de cómo se marcan las diferencias desde la más tierna infancia, que es cuando más se interiorizan y quedan más firmemente asentadas. Incluso en las sugerencias finales que nos hacen en los catálogos como si fueran expertos, se ven claramente cómo sesgan dichas sugerencias y marcan las diferencias.

Diversas investigaciones han comprobado que existe más similitud que diferencias entre ambos sexos en cuanto a la elección de los juguetes. Esto entra en contradicción con algunos axiomas existentes históricamente en esta problemática del juego infantil: que los varones gustan más del juego activo y organizado, que las niñas prefieren los de carácter pasivo, de naturaleza generalmente sedentaria, y que estas diferencias son más notables alrededor de los 8-10 años de edad. Si bien es cierto que existen diferencias morfológicas entre los niños y las niñas, estos se relacionan mucho con el tipo de interrelación que sea habitual en el juego, y con los patrones culturales en determinada comunidad educativa.
Cuando los niños y las niñas tienen iguales oportunidades de acceso a los diferentes juegos y juguetes, y no existen a su alrededor criterios y acciones de los adultos, prohibiendo o permitiendo uno u otro tipo de juegos, se observa que niños y niñas seleccionan generalmente los mismos juguetes en las edades más tempranas, y que solo a partir de la edad preescolar, básicamente por el reforzamiento educativo y social es que comienzan a observarse mayores diferencias.
Estamos muy condicionados en una falsa sensación de modernidad, como si las desigualdades y el sexismo fueran del pasado. Los catálogos de juguetes, los anuncios… transmiten esa cultura sexista tóxica.
Una idea:  podríamos ir con nuestros/as hijos/as a investigar en tiendas especializadas fuera del mercado habitual publicitario. ¿Qué os parece? ¿Conocéis alguna?