EL BIENESTAR DE LOS HIJOS/AS ANTE LA SEPARACIÓN DE SUS PADRES Y/O MADRES

La composición de los hogares familiares con hijos/as, está cambiando rápidamente con el aumento de las rupturas de pareja. Este cambio afecta tanto a la estructura familiar como a las relaciones entre sus miembros.

Teniendo en cuenta que la familia es el contexto inmediato y el sistema de apoyo principal de los/as hijos/as, las rupturas de pareja suponen una transición difícil para los/as más jóvenes. La inestabilidad creada por la ruptura, puede generar un desequilibrio emocional y sentimientos intensos, en estos/as, con posibles tasas altas de ansiedad, dificultades interpersonales etc.

Pero el grado de malestar de los hijos e hijas depende de factores diversos. Por un lado, la adaptación del padre y/o la madre ante la nueva situación familiar y personal. Por otro, el apoyo de fuentes externas, como pueden ser los familiares y amigos. Y por último, la relación entre ambos congéneres. Además, la continuidad del conflicto después de la ruptura, puede incrementar la hostilidad en las relaciones, agravando aún más la situación de los/as más jóvenes de la casa, ya que la prolongación del conflicto en el tiempo, puede dificultar el buen desarrollo psicológico, físico y escolar de estos/as chicos/as.

Con todo ello, no nos debemos de alarmar y si buscar la forma de afrontar la situación más adecuada para el bienestar de hijos e hijas. Este afrontamiento supone:

  1.  Mantener una comunicación estable y segura entre los hijos/as con el padre o la madre. Asimismo, buscar un entendimiento adecuado entre la madre y el padre.
  2.  Reorganizar las responsabilidades de los adultos con respecto a sus hijos/as, teniendo en cuenta el bienestar de estos/as.
  3.  Promover la adaptación y la autoestima de los miembros de la familia.
  4.  Mantener los vínculos de coherencia y la unidad familiar.
  5.  Proporcionar apoyos necesarios y seguros a los hijos e hijas.
  6.  Mantener y desarrollar el apoyo social.
  7. Controlar el impacto de la situación para evitar la repercusión negativa en los/as  hijos/as.

En conclusión, se basaría en facilitar una buena adaptación a la nueva situación familiar teniendo en cuenta en todo momento el bienestar de los/as hijos/as.

¿Existe la adicción a videojuegos?

 

Cada vez más, se habla de nuevas adicciones, si bien es cierto que en el último congreso al que acudimos “Drogas: Riesgos y Diversión” el catedrático Domingo Comas Arnau explicó su teoría sobre que no existen adicciones nuevas, sino que varían los  síntomas del mismo problema que ya existía.

Lo que está claro, es que hay nuevas maneras de jugar, de relacionarse y de estar ante una pantalla de ordenador. Nos llaman los padres y madres preocupados, explicándonos que “algo malo les ocurre a sus hijos e hijas”, que “no salen de casa, de la habitación”, de “la maldita pantalla del ordenador”, o bien, que no saben si es para preocuparse o no, porque “como todos los demás hacen lo mismo…” .

Hablamos de las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TICs), de las Redes Sociales, los Videojuegos e Internet. Así, todo mezclado en le mismo saco. Hay gente que las demoniza y muchísimas personas que las defienden. A mí me vienen  a la mente las palabras…”depende del uso que hagamos de ellas…” , o del abuso.

Hay dolor en los padres que nos llaman y sufrimiento por parte de  los menores con dificultades para relacionarse con sus iguales, o con dificultades para manejar sus emociones por lo que se esconden en una actividad que les abstrae y les impide reflexionar sobre lo que les ocurre….  Y eso es muy real. Pero también es cierto que hay mucho alarmismo y se buscan etiquetas o culpables para liberar la tensión que nos provoca el no saber qué les ocurre.

Hay conductas que ya nos ponen sobre aviso. Lo cual no implica que haya un gran problema, sino que debemos intervenir ante esas señales de alarma. Y cito algunos  síntomas de uso abusivo :

-Tener una sensación de bienestar o de euforia mientras se está en el ordenador.

-Incapacidad para suspender la actividad y ansiedad durante las pausas en sus sesiones.

-Robar cada vez más tiempo al sueño, al trabajo, a la familia y a los amigos para el ordenador.

-Sentirse vacío, deprimido, irritable cuando no se está conectado a la red.

-Mentir a la familia y al jefe acerca de las páginas visitadas en internet.

-Ojos secos, dolores de cabeza y de espalda.

-Comer irregularmente o saltarse comidas con tal de no separarse del ordenador.

-Falta de atención a la higiene personal.

-Perturbaciones en el sueño, cambios de rutina en el sueño.

Para no llegar a estos extremos es importante la educación en hábitos saludables: limitar el tiempo de utilización del ordenador desde pequeños, de tal manera que sepan que es un instrumento nada más y que no es una obligación, sino una opción.

 

 

Mantengamos la Calma

Mantener la calma. Sí, sabemos que este ejercicio en según qué circunstancias es complicado pero es importante tratar de ponerlo en práctica. Insistimos: sabemos que es difícil y más cuando se trata de temas o conflictos relacionados con nuestras hijas e hijos, pero si actuamos desde la inmediatez y el agobio podemos causar perjuicio, precisamente, a nuestras hijas e hijos o a terceras personas.

Desde Zeuk Esan, cuando una madre o un padre nos llama muy alterada, lo primero que tratamos es que mantenga la calma. Intentamos que esta persona se enfríe de forma que pueda reflexionar o pensar mejor. A veces lo conseguimos y otras no. A veces logramos que nos escuchen y lo que, en un principio, era una emergencia total, al final se acaba convirtiendo en una acción mucho más sosegada y pausada. Otras veces, no. En esos casos, la persona que llama quiere denunciar, quiere que se castigue a otro niño o niña, quiere que se expediente a una monitora, que se expulse a un profesor, que se multe a otro u otra adolescente… y no está dispuesta a escuchar alternativas.

Lo curioso es que, en muchos de esos casos, cuando a la persona alterada se le pregunta si ha intentado recabar más información al respecto de lo que, normalmente, le cuenta su hijo o hija, dice que no, dice que cree a pies juntillas lo que su vástago le cuenta. Y está bien, claro, tener confianza en lo que nos cuentan nuestras chicas y chicos pero cuando se trata de algo que, como decíamos antes, puede afectar a otras personas, hay que hacer el esfuerzo por ir un poco más allá.

Es importante, por tanto, que el amor que sentimos por ellos y ellas no nos ciegue. Por supuesto que les tenemos que defender pero eso no implica que debamos actuar precipitadamente porque si acabamos sacándoles la cara por algo en lo que ellos o ellas pueden haber sido responsables, educativamente les estamos enseñando que da igual lo que hagan, que siempre les defenderemos y, además, podemos estar siendo injustas e injustos con otra persona.

Dicho lo cual, insistimos: mantengamos la calma, tratemos de informarnos y no defendamos per sé todo lo que nos digan en un determinado momento o conflicto. Hacer ésto no significa que les queramos menos. A veces, es todo lo contrario.

Empatía para superar el Conflicto Madres/Padres versus Adolescentes

“Es que mi madre piensa que todavía soy un crío y que no pienso en esas cosas”. Esto nos decía, hace poco, un chico por teléfono. Con esas cosas se refería a sus primeras inquietudes de carácter sexual. Unas primeras dudas que había empezado callándose pero que ya no aguantó más y que tuvo que acabar compartiendo con sus padres. Y todo porque, hasta hacía poco tiempo, sus padres habían sido esos referentes que le recogían y que le resolvían todas esas dudas que le acuciaban cuando era más pequeño. Ahora no. Bienvenido a la adolescencia, amigo.

Con 14 años, este tipo de situaciones son difíciles tanto para los chavales y chavalas como para los propios progenitores. Efectivamente, muchas madres y padres siguen viendo a sus vástagos como esos niños y niñas que, hasta hace cuatro días, iban con ellos los domingos por la tarde. Pero, no queridas madres, no, queridos padres… Bienvenidas/os a la adolescencia.

El verdadero problema deviene cuando además de que, efectivamente, puede costar entender los nuevos planteamientos, sentimientos y comportamientos de los y las adolescentes, no somos comprensibles con ellos y ellas. Y más cuando, como es el caso, este chico no puede hacer nada por evitarlo. Me explico: este chaval había tanteado a sus padres, había sondeado qué opinaban ellos en cuanto a la posibilidad (certeza para él) de que le gustasen los chicos. Desgraciadamente, en este caso, obtuvo como respuesta una reacción desmedida del tipo “quítate esas cosas de la cabeza“, “no digas tonterías“, “tú eres normal“, “no nos decepciones” o la ya citada “si tú todavía eres un niño“.

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¿Quién tiene el Problema?

¿Quién tiene el problema?

A veces nos ponemos en lo peor. Así lo demostró hace una poco una madre que nos llamó al 116.111. Esta mujer se mostraba muy preocupada por la situación de su hija de 18 años: la calificaba de retraída, inmadura para su edad, con escasas capacidades, no la veía preparada para, en el futuro, lograr trabajar, etc…

Ante esta percepción, la señora sospechaba que su hija debía tener alguna dolencia mental . Debido a ello, acudió con la chavala a psiquiatras y médicos varios para que le diesen el diagnóstico que necesitaba escuchar. El caso es que ninguno de los profesionales consultados ratificó este hecho. Frustrada ante estas respuestas nos llamó, insistiendo en su versión.

Tras escucharla atentamente, le pedimos a ver si sería posible poder hablar en algún momento con la adolescente. A las pocas horas ésta nos llamó. Al otro lado del auricular, nos encontramos con una chavala que si parecía tener escasas habilidades de relación. Poco a poco, la chavala se vio en la tesitura de ir contando y empezó a reflejar que se había creído la historia de su ama.

Se percibía como alguien incapaz de hablar con nadie por propia iniciativa. Y es que, dijo, su ama siempre le acompañaba a todos los sitios. Y es que siempre había escuchado a su ama minusvalorarla. Y es que cuando la joven pretendía abrir la boca para expresarse por sí misma, una voz, a su lado, aparecía para tapar lo que tuviese que decir. Además, la chica admitió tener que haber escuchado, muchas veces, cómo su ama le calificaba de inmadura, cómo su madre se enfadaba con ella por no tener amigas, etc…

Al final, acabamos pensando que muy posiblemente ella no tuviese ningún problema mental pero sí uno familiar y le dijimos, si no le importaba, que se pusiese su ama. Accedió ya que, en definitiva, a eso está acostumbrada; sin embargo, parece que la madre no estaba acostumbrada a que se le dijese que quizá ella fuera la raíz de buena parte de los comportamientos de su hija.

Muy posiblemente, madre nunca aceptó que su hija fuese más tímida que otros chavales y chavalas o que no se desenvolviese socialmente tan bien como otras personas y, al no asumir eso, fue volcando en su hija una frustración propia que, lejos de hacer que ésta mejorase, provocó que aún se encerrase más en sí misma. Acabamos aconsejando a esa señora que se olvidase de médicos y que si quería ayudar a su hija y también ayudarse a sí misma, buscase una opción psicológica con la que pudiesen elaborar toda su biografía familiar o su historial de relaciones.

Sirva este ejemplo para hacernos reflexionar a las madres y padres acerca de la influencia que ejercemos sobre nuestros hijos e hijas y cómo la imagen que nosotros/as tenemos de ellas/os y les devolvemos puede tener un poder importante, tanto para bien como para mal.

Conversaciones entre p/madre e hijo (3)

P: Estará a punto de caer. Hoy le tocaba turno de tarde y acaba a las nueve. Entretanto ayúdame a preparar la cena. He comprado unas anchoas que tienen muy buena pinta. Las rebozaré mientras preparas un bol con lechuga y cebolla. ¿Hace?
H: ¿Le pongo un tomatito o qué…? A ama le encante el tomate y vendrá hambrienta.
P: Quedan dos de medio tamaño…

Enfrascados como estaban los dos chicos de casa en sus culinarios comentarios, la puerta de casa se abrió dando entrada a una fatigada chica, quien resoplando un  “por fin en casa”, seguido de un “qué rico…”, sonrió reconfortada por hallarse con los suyos.

P. Hola cari!!! Mua!!!!
H. Ama!!! Do you like tomate???? Je, je, je!!!
Ama, necesito tu opinión de neska, porq……
Madre: Just a minute…, tengo que darme una ducha, pero si va de amores, acabo antes…He tenido un día demasiado prosaico y necesito algo de glamour…
P: Fiuuuuuuu!!!!!Ejem!!!!
H. Joe, parecéis Rapel y la pitonisa Maruja!!!! Tengo escrito en cara lo que me preocupa o qué????
M: No, pero si…Enseguida estamos…y que nadie huya, vale?

Los chicos se miraron, sorprendidos de cómo la madre se había regenerado de energía…y solo por…; claro, el tema del amor les gusta a las chicas. Sería eso…

M: Aquí estoy!!!! Que ricas las anchoas. Ayyyy, tomate de huerta…y…qué…¿qué me decías…??? –le pregunto a su hijo-

P: Joe, el mito de que las mujeres tardáis un rato para las quedadas, acaba de sufrir un fuerte varapalo. Será la motivación.

H: Pues que estoy colado por una chica…que al principio ella… (y así, en un clima cálido y sabroso, de untes y sorbos, fue el chaval destripando sus sentimientos, sus miedos y sus dudas, sobre si, la chica y el cambio “raro” que había dado la relación…)

M. Hijo, las relaciones de ese tipo…las de amor, vaya…necesitan una buena dosis de seducción, porque sin esa magia, sin ese juego, sin la “tontería” del “te miro y miras…”…pues la cosa no funciona. Para nosotras la chicas, ese es un terreno…, vamos, que nos movemos como pez en el agua…
Mira, veo lo siguiente y no te asustes por lo que vas a oír A esa chica le atraes…, pero
No se si te quiere como novio. Creo que de ser así, ya habría olido que a estas alturas estás maduro como para pedirte salir o como sea que lo hagáis ahora, ¿me sigues…?

H: Vaya…No creo que tenga interés en salir conmigo…
M: Puede ser también que te vea como una conquista; “uno que está en bote…” y que por el hecho de estarlo, comienza a perder interés…”Pensar así es un poco malvado, pero en el fondo quien actúa así (que las/os hay) es porque necesita sentirse atractiva/o y , por tanto, valorada/o, elegida/o, apreciada/o…(quizás porque en le fondo no se sienta tanto). Cuando se actúa así, no se hace por hacer daño a nadie, aunque indirectamente se llegue a hacer.
H. Joe, eso que me dices me hace sentir fatal…
M: Ya, pero quien te elige para conquistarte es porque aprecia la conquista.

En todo caso, no es tan importante lo que nos ocurre, sino el qué hacemos con eso que nos ocurre. Está hecho un lío, vale. ¿Qué te pide el cuerpo, que necesitarías para sentirte mejor con esta situación?

H: Hablarlo con ella…Pero y si me dice que a ella no le pasa nada y que está como siempre. Si se hace la loca…
M: No sabes cómo puede reaccionar ella. Eso que me dices son tus miedos…En todo caso, ella valorará el que seas claro, aunque se haga la longis. Una mujer siempre valora en un hombre que sea capaz de hablar de sus sentimientos

P y M: Bienvenido al club de los amores y desamores, hijo. Hablarlo es la mejor opción. Se claro contigo mismo y no reniegues nunca de tus sentimientos. Posiblemente sea lo más valioso que tengamos. Lánzate y lo verás más claro!!!

Conversaciones entre padre e hijo (2)

Aterrizó en casa a las ocho en punto y  nada más abrir la puerta le llegó al oído la melodía  suave y romántica de una canción inglesa que en días venia poniendo su hijo. El chaval estaba en casa. Tras la puerta acristalada que daba a la cocina, el padre descubrió en su hijo esa mirada ausente, propia de los vaivenes adolescentes del corazón. El chaval estaba flotando libre y melancólico, perdido en alguna estrofa de la aquella canción ligeramente ronca y susurrante. Cuando se percató que su padre había llegado, le miro mostrando una sonrisa dulce.

Padre: ¿Quién es ella? ¿La conozco?
Hijo: ¿A qué viene esa pregunta?
P: Nada. Te miro y me imagino el resto. Igual me he equivocado…
H: No, no te has equivocado. Si, estoy …¿Cómo se dice?, ¿enamorado…atontado, atolondrado, embobado…?
P: Pero, estás triste..y se dice que el amor da alas…
H: Supongo que será así…, cuando es correspondido

El nudo gordiano se había mostrado de forma rápida e inexcusable. El chaval sufría por un amor que no llegaba a alcanzar, quizás no lo había intentado, quizás ella vivía lejos y la echaba de menos, quizás…

P: ¿Qué pasó. Cuéntame un poco?.
H: La cosa empezó al comienzo de las vacaciones. La conocí en fiestas de Zuharo. Es de la cuadrilla de la prima de Andoni y tal. Se llama Nere. Enseguida conectamos. No se , su forma de hablarme, cómo me miraba, lo natural que se mostraba conmigo…todo, todo…, me llevó poco a poco, a acercarme más y más a ella, hasta que comencé a pensar cada vez más en que me encantaría salir con ella. Constantemente sentía y …aún siento…ganas de llamarla, hablar y hacer planes para quedar y esas cosas…Empecé a enamorarme…y de alguna manera sigo estándolo

P: ¿Qué bueno…?
H: Al principio si, pero ya no. Un buen día cambió de actitud y hasta hoy…
P: ¿A qué te refieres?
H: Empezó a distanciarse de mi, hasta que su cambió fue tan brutal que acabé sintiendo  que era poco menos que invisible para ella cuando estábamos en cuadrilla. Ella es muy salada y hablaba y vacilaba con cualquiera menos conmigo…Joe, no hay quien lo entienda…¿Qué ha pasado?
P: ¿Y lo habéis hablado?
H: No del todo. Ten en cuenta que estábamos empezando y estábamos a gusto, pero no nos habíamos dicho para ser novios y eso…
P: Ya, ¿pero vuestra relación no da para hablar de eso que os ha pasado?

H: Yo creo que ya soy demasiado serio como para irle con “…oye, ¿porque no hablamos y tal?…) Al final va ha ser peor. Me gustaría hablar de esto con ella, sin mostrarme que estoy fundido…, porque si lo nota, se alejará más.

P: ¿Tu crees que si le muestras tus sentimientos será peor?

H: Igual si. Me quedaría más pillado, como sin salida.

P: Igual sería buena idea que lo hablaramos con ama. Ella es chica y sabrá darle aesto otro punto de vista ¿Qué te parece?
H: Vale.
(Continuará…)

Conversaciones entre padre e hijo (1)

Hijo: Aita, necesito hablar contigo.
Padre: ¿Qué te pasa hijo? Te encuentras mal?
H: No, no es que esté mal. Lo que pasa es que hay cosas que …no se…en mi cuadrilla..no se . Estoy hecho un lío. A veces estoy triste y a veces cabreado. No quiero estar así
P: Bien, pues eso que dices, bien que merece una charla. ¿Cómo lo hacemos?. Ahora es un poco tarde y…
H: No, prefiero que quedemos para mañana. Nos ponemos una hora y hablamos un rato,no?
P: OK. A las ocho de la tarde es buena hora para ti.
H:Vale. Aquí esteré.

Habían sonado las campanas de la iglesia hasta un total de diez veces. Había oscurecido hacia un buen rato y era hora de acostarse. Mañana sería un buen día!!!

La mañana había amanecido soleada, lo que daba una buena excusa para exprimir los últimos estertores vacacionales con una paseadita por la playa y el consiguiente chapuzón fresco y vigoroso.

Padre e hijo, se habían visto en diferentes momentos del día, pero no habían hecho alusión a la quedada, al menos no explícitamente, aunque era obvio que las miradas que se intercambiaban hablaban por si solas compartiendo el mismo deseo de que llegara la hora de la charla.

Tras haber comido en familia, el padre salio a dar un paseo para disfrutar de la calma que se siente por el puerto a la hora de la sobremesa, justo cuando las bulliciosas voces se silencian soporiferamente sobre un colchón.

No hacía más que pensar en su chaval, en si se trataría de algún tema amoroso, de cuadrilla o qué sería lo que tanto le estaba preocupando. El reloj corrió de prisa esa tarde y para cuando se dio cuenta, faltaba un cuarto de hora para estar con su hijo. Llego a las ocho en punto a casa y …(continuará…)

Todas y Todos Somos Responsables

Todas y Todos Somos Responsables

A menudo, recibimos llamadas al 116.111 de madres y padres que están viviendo episodios conflictivos con su hijo o hija adolescente; pugnas de autoridad, cuestionamiento de los límites, empoderación de las y los menores en casa… que los progenitores no están sabiendo gestionar y controlar.

La mayor parte de estos planteamientos que exponen estas madres o padres parten de ejemplos concretos que están viviendo en esos momentos y que, para ellas y ellos, ya es la gota que ha colmado el vaso: amenazas, chantaje e incluso agresiones filio-parentales que, en nuestra opinión y en la mayoría de los casos, no dejan de ser síntomas de una evolución de, en general, una mala práctica educativa.

Por ello, solemos tratar de hacer un poco de historia o recorrido para saber cómo ha sido la relación entre madre/padre e hijos/as hasta llegar a la situación de que el o la adolescente llegue a ese punto: ¿normas poco claras en casa?, ¿ausencia de alguna de las figuras paternas?, ¿excesiva permisividad?, etc…

En estos como en otros casos, las chavalas y chavales que tienen estos comportamientos son los principales responsables como actores directos de los mismos pero, como en casi todas las cosas, siempre se pueden encontrar causas que expliquen cómo se ha llegado a dicha situación. Y es aquí donde, en muchas ocasiones, empezamos a notar, al otro lado del auricular, que a estas madres y padres no les gusta ahondar en esas causas porque (insistimos, en la mayoría de los casos) se descubre que buena parte de la responsabilidad les corresponde a ellos y a ellas.

Y es aquí, con el fin de huir de ese sentimiento de culpabilidad, cuando muchos padres y madres comienzan a achacar a otros agentes o terceras figuras su cuota de responsabilidad: escuela, profesionales de la sanidad, Educadoras, Psicólogos e incluso equipos de fútbol…

Con todo, entendemos que ningún padre o madre llama a Zeuk Esan para escuchar cómo se le “lee la cartilla” y tampoco es éso lo que se pretende desde este servicio, pero sí vemos necesario que sean conscientes de que todas y todos tenemos nuestra parte de responsabilidad cuando se llega a situaciones así. Y sí, entendemos que puede doler escucharlo, pero no podemos callarnos por ello. Otra cosa es que, una vez dicho, a veces (afortunadamente, las menos) nos cuelguen el teléfono.

Estoy encantada

Hoy ha vuelto uno de mis hijos de un largo viaje de una semana en París. Han visto museos y sitios, han disfrutado, se han divertido, (no han practicado francés, ¡huy!) y efectivamente han crecido. Tras ducha y cena y con los ojos medio cerrados por el cansancio, desde el umbral de la verdad, con las defensas bajas, resume la experiencia: “Qué duro es convivir con alguien que se salta las normas del grupo. Habíamos quedado siete personas en dejar las chancletas a secar en la ventana, pero una persona ha decidido que ese consenso no iba con ella y ha estado siempre todo por el medio…su ropa por las otras literas, las chanclas molestaban fueras a donde fueras…desenchufaba los teléfonos que estaban cargando para conectar el suyo…, qué mal convivir con alguien que falta de esa manera a los derechos de los demás…”.

Estoy encantada, este año  me iré de vacaciones con un adolescente redimido, reflexionado, que otras cosas hará, pero este año, no dejará sus chanclas en medio del salón.

Esto prueba mi teoría de que nosotros hemos de sembrar, hacerles sensibles a ciertas situaciones, pero hasta que ellos mismos no las padezcan, no las experimenten (que es lo que les falta a nuestros adultos en ciernes, experiencia), no las aprenderán, no las harán suyas.

¡¡¡Ánimo, que estamos a tiempo!!!

Y por cierto, decía un filósofo que en vacaciones no hay problemas”. Que disfrutéis de las vuestras.