La agresividad y la falta de cuidados

agresividad y la falta de cuidadosLa agresividad es algo inherente a la naturaleza del ser humano. Es una emoción, como lo puede ser la alegría o la tristeza. Además, la manifestación de la misma se debe entender en función del momento en que aparece, de las causas que la precipitan, hacia quién va dirigida y el por qué.

Los bebés cuando nacen manifiestan agresividad. Tienen hambre y lloran, se sienten sucios y gritan, se sienten solos y se quejan.

Hasta aquí todo normal, nadie siente que esta expresión de agresividad tenga que ver, con algo problemático. La madre o el padre son capaces de entender en qué momento aparecen estas manifestaciones, qué causas tienen que ver en la situación que se genera, hacia quién se dirige el niño y el por qué. La familia responde adecuadamente hacia la petición, que entiende que le hace el niño, es capaz de tranquilizarlo y de cubrir sus necesidades.

Esto es lo que pasa en la mayoría de las familias, pero algunas se preguntan ¿por qué no se calma este niño?

Bien, descartemos problemas de índole física, que podrían estar interfiriendo en las sensaciones del menor. A veces ocurre que la provisión de cuidados suficientemente buenos, se interrumpe. Problemas en la pareja, laborales, individuales en alguna de las dos figuras parentales, provoca que la situación de estabilidad familiar se vea menoscabada. Así pues la percepción del niño se ve influenciada por estos problemas externos que le afectan en su desarrollo interno, provocando un nivel de tensión mayor que en ocasiones es más difícil de calmar por un medio ambiente, que a su vez está atravesando un mayor momento de inestabilidad. Continuar leyendo “La agresividad y la falta de cuidados”

Capacidades Generacionales

Capacidades generacionales

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy hemos realizado una formación y me he puesto nostálgico. He echado la vista atrás a cuando yo también era adolescente y vivía en casa con mis padres y tocaba, por aquel entonces, programar el vídeo, un vetusto aparato VHS que servía para grabar a mi madre la telenovela venezolana de la sobremesa y así pudiese verla a la tarde, después de trabajar. Recuerdo que aquella tarea que a mí me parecía facilísima, a mis padres les resultaba tremendamente complicada y, al final, siempre tenían que recurrir a mí para ello.

Y me he acordado de ésto porque mi hijo de 15 años se ha empecinado en que tengo que hacerme una cuenta en Facebook, otra en Twitter, que además, si quiero leer mis periódicos favoritos en Internet, tengo que hacerme con un lector de RSS y también me ha dicho que me tengo que hacer una cuenta en Google para así utilizar la aplicación Calendar y apuntar en ella mis citas, mis reuniones, etcétera.

Y ahí me he sentido como mis propios padres cuando éstos se enfrentaban al maquiavélico reproductor de vídeo. Supongo que, poco a poco, con tiempo y poniéndome en serio a ello, podría llegar a hacer muchas de las cosas que mi hijo me ha propuesto, pero sé que a él no le cuesta tanto y le encanta hacer todas esas cosas y mostrar sus capacidades.

Al fin y al cabo, parece que cada generación trae, de serie, unas competencias tecnológicas superiores a la anterior. En este caso es mi hijo con las redes sociales e Internet o eran mis padres conmigo y la programación del vídeo o es mi sobrino de 6 años manejando el ratón del ordenador y dándole mil vueltas a mi hermano (su padre) en estas lides. Continuar leyendo “Capacidades Generacionales”

Dialogando con mi hija/o

dialogando con mi hija/o¿Qué es dialogar? Enseguida viene a nuestra mente un supuesto sinónimo: hablar.

El hablar a veces nos acerca, aunque no siempre. No ocurre así con la comunicación, ya que ésta tiene como finalidad “transmitir…algo, sea lo que sea ese algo”.

Hablar puede ser a la comunicación, lo que el oír al escuchar, y cuando el hablar se convierte en un mero ejercicio de reproducir palabras, solo se re-produce ruido. Entonces, el hablar se convierte en blablar. Si somos capaces de comprender ésto, estaremos en una feliz disposición de cambiar nuestro decir. No se trata pues de ocupar espacio sonoro para sentir que somos. Se trata, de otra cosa ¡Prueben…!

Esto adquiere especial relevancia en esos momentos de diálogo con nuestro hijo o nuestra hija, así como en otras tantas situaciones relacionales en que nos jugamos temas de calado.
Cuando él o ella se te acerque, te mire, te evite, te bufe, te necesite o te busque en cualquiera de las modalidades de buscarte o pedir que tiene los/as adolescentes, ten cuidado con lo que hables. No te lo digo por asustarte, sino para que prestes atención y repares en la importancia de tales momentos.

¿Cómo ser en tales momentos, entonces?
Yo te diré que lo que aquí encuentres, no te funcionará si lo quieres aplicar a pesar de ti. Tampoco servirá de nada, si no lo haces tuyo y de menos aún, si lo quieres poner en práctica como un truco de prestidigitación.

Partamos de la idea de que la adolescencia es un periodo de cambio muy importante en la vida del/a chaval/a, cuya finalidad es la de aportarle un sentido de identidad o un “si mismo/a” distinto al que ha tenido y desarrollado a lo largo de su infancia. En ese tránsito, se irá perfilando una metamorfosis en su cosmovisión, en su forma de sentir-pensar-actuar. Una trasformación, en definitiva, de verse y ver el mundo que le rodea: Está en juego su mirada.

dialogando con mi hija/o - 2

Su mirada, ya para entonces, tiene mucho de la tuya. Ellos/as aprenden de ti. Sobre todo de lo que eres y no solo de lo que dices.

Aprenderán de tu sombra; de tus asuntos inconclusos, de tus miedos, de tus disimulos. Pero sobre todo, aprenderán de tu amor hacia ellos/as, y eso no sólo pasa por las palabras.

Quiero pedirte, que pruebes con incorporar a tus aperos el término encuentro. El encuentro, para mí, significa apertura, curiosidad y escucha. Si sientes esta triada, tu disposición será real, ante el contacto con tu chico o tu chica. El/ella, lo sentirá…y ya estás ayudando. Valoran la intención, la entrega, el afecto y tú ya cuentas con todo ello, aunque quizás no te hayas dado cuenta hasta ahora. ¿No?

No te equivoques; tú no tienes la solución a todos sus problemas. El hecho de que puedas aconsejar, deriva de tu mayor experiencia en la vida y habrá necesariamente aspectos que será bueno que adviertas (posibles peligros) y que asesores en otros (situaciones emocionales propios de la etapa, etc). No obstante, cada cual tiene su camino y un m/padre es más un acompañante, que no un cartógrafo.

Para acompañar hay que estar en forma y para ello, es imprescindible auto-revisarse. Quien acompaña, tiene que aprender a dar la palabra y tiene que aprender a aprender de “lo que le dicen”, sin dar por sentado que “todo lo sé, que yo ya he pasado por ahí”. Quien acompaña, dará reflexión, respeto, calma. Y, a menudo, un abrazo. Para esto tampoco hacen falta las palabras, o sí.

Búscale, porque está perdido. Hazlo a menudo. Interésate por su vida. Comparte con el/ella la risa y el humor. Aprende a pedirle perdón, siempre que sea necesario y le/a harás fuerte.

El rincón de pensar

rincón-de-pensarSiempre he considerado la labor docente como una disciplina realmente interesante. En su día estuve tentado de coger ese camino, pero me decanté por el de la psicología y he de decir que nunca me arrepentí de la decisión tomada. Sin embargo, el poder estudiar para llegar a ejercer como maestro o profesor, con población infantil o adolescente, me sigue pareciendo un lujo asiático. Poder llegar a ser una influencia significativa en el recorrido vital de un niño o una niña, es tan estimulante como comprometido, porque hemos de saber que dejamos huella en la mente de ese ser en desarrollo y hay que hacer lo posible para que esa influencia sea para bien.

Siempre he pensado en la escuela como en un lugar de formación y no sólo de información. Un lugar de crecimiento que no suplante la función de la familia, pero que si pueda llegar a ser una continuación de esta, en cierto modo.

Debido a mi labor de psicólogo, me ha tocado reflexionar un rato sobre los modos educativos y el papel del enseñante como vehículo de trasmisión de conocimiento. A día de hoy, tengo algunas ideas al respecto, pero sobre todo tengo claro por donde no habría que ir. En este sentido, quisiera aprovechar la ocasión para exponer mi opinión sobre una práctica educativa que no se lo extendida que puede estar en la comunidad educativa, pero de cuya existencia he tenido conocimiento, en más de una ocasión.

Ayer mismamente una profesional y usuaria adulta de nuestro 116111, llamo para pedir orientación al respecto de un niño “trasto” de 4 años con el que “no sabemos cómo hacer para que deje de pegar y molestar a sus compañeros/as de clase”. Mis preguntas sobre el niño, el contexto y demás curiosidades, me fueron llevando a hacerme una composición de lugar aproximada. En un momento, la llamante comento:

“…le solemos mandar al txoko de pensar, cuando hace una trastada de las suyas y…”

El citado txoko de pensar, es un método pedagógico que busca controlar el “mal comportamiento” de los niños/as, indicándoles retirarse a un rincón o similar ¡a pensar!. A pensar, lógicamente en algún comportamiento “malo”, inadecuado o molesto que hayan cometido. La criatura se retira al txoko y de espaldas a la clase, se le manda pensar.

Estoy totalmente convencido que el propósito original de este método sería el de estimular el razonamiento y el consiguiente control empático de las emociones, en los niño y niñas que mostraran conductas impulsivas. Pero resulta obvio concluir que para estimular en un infante el “aprecio por el pensar”, el/la docente debe de acompañar razonando y empatizando. Dando ejemplo, en definitiva.

Una criatura debe de ser acompañado en el pensar, dialogando, dándole la palabra, formulándole preguntas que generen respuestas, etc. Ello le ayudará a aprender a dialogar consigo mismo, a llenar sus monólogos de contenido, pero si lo retiras “al rincón” lo dejas ante su propio monólogo y su propio vacío. Un vacío que fácilmente se llena de culpabilidad, de autopercepción negativa y de impulsividad, generando extrañamente una cronificación de la conducta que se pretende domesticar.

No obliguemos a pensar a los críos (y menos a solas), porque no saben qué es pensar y, además, la obligación no es el mejor método pedagógico para estimular aprendizajes. Dialoguemos con ellos/as, si queremos que aprendan a razonar. El infante aprende en la relación y no de espaldas al mundo.

Abrazar y cantar

 

besarkada - abrazo

De súbito abrí los ojos y desperté al cuerpo, para sentir la angustia dentro de mí. Me sorprendió el miedo. Me asusté de sentirlo.

El acelerado bombear de mi corazón, su urgencia de fiel vigía, me arrastró desde del otro lado de los sueños hacia la misma cama en la que tumbado, olí el aroma a limpio de las sábanas, mezclado con el sudor asustado de mi piel infantil.

Habían pasado a penas dos, a lo sumo tres lentísimos e inacabables segundos, cuando desde la cocina sentí cantar a mi madre. Ella, en su habitual ajetreo doméstico cantaba, canciones de las de su época, con aquella dulce manera de deslizar la melodía. Mi madre, sin proponérselo, me rescató del temblor y del susto. Me levanté, como movido por un resorte, recorrí el diminuto pasillo que separaba mi habitación con la cocina y me abalancé sobre ella. La abracé y me abrazó…y me sentí protegido

 

¿Por qué pedir perdón es tan importante?

En una reunión escolar con padres y madres, hubo quien comentaba que no veía conveniente pedir perdón a sus hijos o hijas, ya que entendía que ello podría ser interpretado como un signo de debilidad o falta de autoridad

Nada más lejos de la realidad. Quienes tenemos a nuestras hijas e hijos crecidos, hemos tenido tiempo suficiente para darnos cuenta de la importancia de las muestras de respeto y afecto en una convivencia, aunque igualmente, también, hemos sido testigos de la dificultad que

Barkamena eskatu - Pedir perdón
Barkamena eskatu – Pedir perdón

entraña esta tarea. Una tarea en la que se ponen en juego otras tantas cuestiones  como la empatía, la paciencia o la escucha, entre tantas.

No es fácil, no, la convivencia con un/a hijo/a adolescente, pues se trata de una etapa muy determinante y delicada para el devenir futuro de ese chico o esa chica para quienes sus padres podemos resultar, en ocasiones, tan molestos como una piedra en el zapato. Cierto es que para el día a día en el hogar es necesaria la calma, que la bronca y el conflicto llegan solas de la mano del roce y del choque de intereses.

Paso a explicaros los motivos que me llevan a pensar que pedir perdón es muy importante:

  • Nuestros hijos e hijas, aprenden que no tienen por qué tener siempre razón y que podemos estar equivocado; y no pasa nada grave por ello.
  • Descubren que pedir disculpas es difícil, y que hay que ser fuerte para hacerlo.
  • Ven una muestra de sinceridad, que tal vez no vean en otra parte.
  • Aprenden que así en la propia familia se pueden exponer los sentimientos “encontrados”que se producen entre sus miembros.
  • Cuando uno/a pierde el control y es perdonado/a, comprende que la energia que circula en ese punto es curativa y así aprende, tambien, a perdonar.
  • Aprenden que la disculpa es una forma de reconocer que otra persona es digna de respeto.

En resumen, pedir perdón enseña a respetar a los demás, lo cual nos lleva directamente a respetarnos a nosotros mismos.

El muchacho y la mar

Aquel señor de traje diario decidió pasar unos días de merecido descanso en un pueblo costero. Quería huir del ruido de los coches, de los horarios agobiantes y de las prisas sin sentido.

Una vez llegó a su destino, aparcó el BMW en el puerto, se desabrochó el nudo de la corbata de seda y puso pie en tierra firme. Al caminar en dirección del apartamento con vistas que había alquilado, sintió por vez primera el chasquido metálico de sus zapatos de ejecutivo sobre el piso. Dió rápido con el portal. La puerta estaba abierta y la expectativa de un segundo sin ascensor, le hizo resoplar de fastidio.Se sentía cansado y abatido. Las amplias vistas al mar, lejos de calmar su zozobra le sumergieron en un sentimiento de vació y melancolía. Se rehizo más por voluntad que por deseo y decidió desprenderse del absurdo traje. Una camiseta y unas alpargatas podrían valer para sentirse a tono con el lugar y dar un paseo hasta la playa. Sin embargo, la sensación de amargura se hacia más pesada y el cambio de indumentaria no conseguía evitar el repentino y creciente sin sentido que le poseía.

Perplejo y pensativo, sin apenas ser consciente del tiempo transcurrido y el largo terreno andado, había llegado hasta la misma entrada de la playa, en la que a lo lejos vio una figura que se movía de manera extraña, como si estuviera bailando. Al acercarse comprobó que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra

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vez al mar.

El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo. Este le contestó:

“Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar. La marea ha bajado demasiado y muchas morirán”.

Dijo entonces el hombre:

” Pero esto que haces no tiene sentido; primero es tu destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa. Nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”

El joven miró fijamente al hombre, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó :

” Para ésta… sí tiene sentido!!!”.

El señor se marchó un tanto desconcertado; no podía explicarse una conducta así. Esa noche no durmió bien, soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas. A la mañana siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas.

“MI MADRE NUNCA ME ACEPTÓ COMO SOY”

abarzo materno  -  amaren besarkada
abrazo materno – amaren besarkada

Hoy nos ha llamado una chica de 17 años en busca de desahogo. Era una llamada sobre una relación madre-hija.
Nos decía la chavala que estaba mucho mejor, pero que lo había pasado muy mal, Ahondando en tan genérica afirmación, confesó no haberse sentido aceptada por su madre. ¡Vaya!

Cuando escuchas a una menor que cuenta con tristeza y en parte con resignación que nunca ha sentido que su madre la aceptaba tal cual es, se te mueve por dentro algo difícil de expresar.

No sé si conocéis a alguien en situación similar. Parece que el nivel de exigencia de algunas madres y padres es infinito. Transmiten amor, dicen cuánto quieren a hijos e hijas y lo importante que son para ellos y ellas, pero “qué pena que tengas así los dientes, qué pena que no consigas adelgazar, qué pena que tu pelo no sea tan lustroso como….”

Qué pena y qué dolor producen estas palabras en los menores, en personas que están en plena formación y que lo único que precisan,  a parte de nuestro amor, es nuestra aceptación, que les digamos: te quiero como eres, tal cual, roja, verde o amarilla, te quiero porque eres tú y así eres genial y me encantas.

No es la primera vez que oigo algo así “Mi madre nunca me aceptó como soy. No era suficientemente buena para ella. Me compraba champú para aclararme el pelo. ¿Qué le pasaba al mío? Me compraba dentífrico  blanqueador que me ralló los dientes, ¿Tan malos eran mis dientes? ¿Tan mala e imperfecta era yo?”

Estoy segura que esos progenitores  solo querían lo mejor para sus hijos e hijas. Sólo lo mejor, pero no dimensionaron el alcance de sus palabras: “puedes mejorar” traducidas en  “no eres suficientemente buena”. Una losa sobre la autoestima  y un obstáculo en la relación y en el crecimiento.

Si padres y madres aprendiéramos a decir  “Te quiero como eres”. Si nuestras criaturas pudieran explicar sus sentimientos: “Me siento juzgada. Siento que nunca seré buena para ti, porque me querías rubia y salí morena”,  “Porque no soy lo alto que esperabas”, ganaríamos en autoestima y perderíamos dolor.

Esa resignación con la que esta joven me comentaba: “He tenido que hacerme fuerte, saber que nunca seré suficiente para mi madre y asumirlo, pero he tenido que decírselo, porque dentro me hacía daño.  Cuando se lo dije, no me creyó. Pensó que era mi enfado de adolescente -”¡ qué tonterías!” y eso también me dolió. Pero al menos se lo dije y espero que algún día, al menos, acepte también mis emociones, sin sentirse atacada.
Creo que estas palabras bien merecen una reflexión, de esas de dentro….

Adolescentes

Tribus adolescentes
Tribus adolescentes

 

¿Quién son los/as adolescentes?
Ni niños/as ni personas adultas en medio de una nada confusa y ambigua. La edad de inicio estaría alrededor de 9-12 años, variando según el/la niño/a y el sexo. Y suele durar alrededor de 10 años, también en función de la sociedad en que se encuentre. Por ejemplo en algunas tribus, el paso de la infancia al adulto se hace de golpe, no hay un período de paso como el de adolescencia.

¿Los/as adolescentes son conflictivos?
Tal vez sí, pero también es cierto que estudios muy recientes contradicen la idea de que la tensión y el malestar psíquico sean una parte normal y necesaria de la adolescencia. No tendría que ocurrir que los adolescentes, por el hecho de serlo, sean conflictivos. Los/as adolescentes que atraviesan por conflictos serios y crisis de identidad, necesitan ayuda por estos problemas, no por pasar por un período de crecimiento determinado. Como período de crecimiento es diferente a otro.

¿Adolescentes, rebeldes o amigos?
Es un poco como una caricatura de la adolescencia: un grupo de amigos/as inconformistas y que se rebelan contra casi todo.

El/la adolescente, que ya no es un niño ni una niña, va construyendo poco a poco lo que al final será un adulto, con una identidad propia y formada y la necesaria autonomía personal. Para llegar a esto, los jóvenes empiezan a pensar en criterios propios, a ensayar conductas diferentes y a querer hacerlas valer delante de la familia. Los padres y madres empiezan a tener miedo del ansia de libertad de estos hijos e hijas, de sus discrepancias, de los enfrentamientos casi diarios, de la oposición sistemática.

No son unos niños pero los padres siguen estando preocupados por ellos como antes, cuando eran unos niños. La obediencia que el hijo tenía cuando era niño ahora es imposible y le resulta a él mismo molesta e insoportable. La niña a la que le gustaba ir con los padres ahora quiere ir con su grupo de amigos. Y los padres pueden no entenderlo a la primera, porque es difícil para las madres y padres percatarse que las hijas e hijos se hacen mayores.
Y de aquí que empiecen las disputas familiares, donde el adolescente estirará hacia fuera y la familia hacia adentro. Él, queriendo defender el que piensa que son sus derechos y los padres queriendo imponer su autoridad.

¿Es negativa esta rebeldía de los adolescentes?
Habría que preguntarse antes que nada qué personas queremos que sean nuestros hijos/as de adultos: unas personas que digan sí a todo, que no sepan defender sus intereses, que sean sumisas en sus relaciones interpersonales, o unos adultos que sepan defender sus opiniones y que digan lo que quieren y sienten e intenten conseguir lo que desean? Las madres y padres estamos ayudando a los nuestros hijos a crecer, y crecer quiere decir hacerse personas adultas.

Es por eso que si los/as adolescentes están aprendiendo a ser adultos, es normal que vayan ensayando conductas de adulto, de autonomía y de independencia, en una actitud alejada del conformismo. Serán inconformistas y rebeldes e irán aprendiendo a ser mayores.

Un/a joven incapaz de dar la cara ante nadie, de defender lo que piensa, de hacer valer sus derechos, supone un problema más grave que un/a joven inconformista y rebelde. Los padres debemos saber discernir entre aquellas conductas infantiles de aquellas otros de inconformismo adolescente. Y sus actitudes agresivas, insolentes y descaradas no deberíamos tomarlas como ofensas imperdonables, sino como errores en su sistema de aprender a ser adultos en libertad.

A veces los padres toman mal estas actitudes, porque sus hijos e hijas adolescentes les hacen ver las contradicciones entre lo que los mismos padres dicen que hay que hacer y el que ellos hacen. Porque en estas edades también son idealistas y desinteresados, siendo un buen momento por iniciar actividades solidarías, de ayuda o acodamiento a actividades sociales. Continuar leyendo “Adolescentes”

Trucos para Mejorar la Comunicación entre Madres/Padres y Adolescentes

comunicacion familiar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Antes podía hablar de todo con mi ama. Junto a mi novio y mi mejor amiga, era mi confidente en casa. Ahora me agobia y juzga todo lo que hago. Ya no me encuentro cómoda acercándome a ella”.
“Ahora no se le puede decir nada. Le preguntas a ver qué le pasa y no contesta. Además parece que se cree que le tenemos que dejar hacer de todo y no, eso no es así. Mientras siga viviendo en esta casa hará lo que se le diga”.

Como es fácil de deducir, los párrafos anteriores corresponden a dos clásicos fragmentos de citas de hija adolescente y madre respectivamente. Frases típicas que ejemplifican muy bien las comunes formas de comunicación (o no comunicación) que se dan entre ambas figuras.

La verdad es que cuando atendiendo el 116.111 nos encontramos algo así, lo primero que tratamos de hacer es quitarle hierro al asunto y decir a madres/padres o hijas/os que lo que nos llamaría mucho la atención es que la comunicación entre ellos fuese fluída.

A partir de ahí, llega el momento de transmitir mensajes y, dado que muchas veces tanto madres/padres como hijos/as ya están cansadas de escuchar lo mismo, a veces lo que hacemos, en vez de soltar todo el discurso, es proponer tareas concretas.

Así, por ejemplo, partiendo de los fragmentos de más arriba, lo que nos pide el cuerpo es decirles a esa madre y a esa hija que establezcan un día a la semana, un rato, una hora para que se sienten. Que, si pueden, salgan a terreno neutral, a un parque, a un bar, a un sitio acordado por ambas y, con un refresco de por medio, que hablen, de lo que sea, que entrenen y traten de recuperar el diálogo entre ellas. Que eviten juzgar y que intenten ponerse cada una en el lugar de la otra.

Es posible, con todo, que esto no sea la panacea pero por intentarlo no se pierde nada. En todo caso, ¿conocéis algún otro truco que pueda servir para mejorar la comunicación entre progenitores y adolescentes? Y todo ello volviendo a recordar que el hecho de que no haya la mejor fluidez comunicativa entre ambos es bastante normal.